Gerontos

viernes, 30 de noviembre de 2018

En términos generales, a partir del siglo 20 se pasó de un promedio de vida de algo más de 30 años al doble de ese tiempo (alrededor de 70 años es el promedio actual de expectativa de vida). Está medida es despareja respecto de zonas geográficas y sexos. No se tratará aquí de proponer planillas estadísticas ni cortes de ellas, simplemente ofrecer una mirada sobre el asunto.

Comentarios al libro “El loro Mandarina” de Jano Arrechea

domingo, 25 de noviembre de 2018

En esta ocasión, no podré referirme al libro de Jano, como lo haría otro escritor, no me resultará cómodo hablar desde esa perspectiva. La posición en la que me ubico sin vueltas es, la de un lector, cosa nada despreciable en estos tiempos, por supuesto.

El autor nos sorprende hoy con un segundo libro, esto de relatar comenzó en algún momento y aparentemente no parece detenerse, ya al cerrar una edición continúan apareciendo nuevos relatos que circulan sueltos cosa que nos anticipa la aparición de nuevos ejemplares en el futuro.

En esta actualidad donde parece un gran esfuerzo abordar largas lecturas, encuentro en este libro un “guiño” del autor a sus lectores. Relatos breves y sin una secuencia entre ellos que deba seguirse, ya anuncian una obra amable y fácil de acompañar.

En cuanto al nombre, que puede ser asociado a literatura infantil, hay ironía, gracia y es un gesto de afectuosidad por parte de quien escribe. Aunque si alguien ve en el título solamente la ligazón a los primeros años de vida, creo que la transparencia del afecto infantil, la actitud lúdica que ese periodo nos enseña es algo para destacar y no viene mal su recuerdo!

Por lo tanto se mire el título del libro de una u otra manera ambas son convergentes.

Me he encontrado con relatos exquisitos que llevan al lector a “descubrir” -correr el velo- que en general se tiene en la vida cotidiana para vislumbrar, en esa aparente chatura, pliegues fantásticos, sorprendentes, afectuosos y ejemplares.

La vida actual, en particular, la información que nos llega o que buscamos a través de las vías virtuales, es muy accesible y veloz, pero también la posibilidad de lecturas que vayan más allá de la frase pueden resultar tediosas, por ello creo que el libro en papel nos espera para otros momentos, en los cuales la rapidez no importa y sí la disposición a sumergirnos en nuevas dimensiones y hacerlo sin urgencias.

El presente ejemplar como también tantos otros producidos por diferentes autores, se inscriben en una corriente a la que podemos llamar siloismo. Si bien muchos de ellos no se ocupan específicamente de aclarar su doctrina, ni explicar sus visiones. Sin embargo, sí trasmiten a través de diferentes caminos el “espíritu” que anima a esta nueva visión del mundo. Ese espíritu no lo encontramos en las palabras, ni siquiera en el espacio en blanco que hay entre ellas, aunque indudablemente allí esté. Quizás se pueda identificar algo de ese espíritu con aquel residuo que nos queda luego de la lectura de dichos textos... Así como si fuera un halo intangible e inaprensible está presente en ellos sosteniendo todo el resto...

Creo que este libro de Jano es una excelente razón para “parar” y disponerse a olvidar un poco tantos intereses de la cotidianidad -y sin apuro- disponernos a entrar en las visiones de los relatos, así descubrirnos sonriendo o emocionados o sorprendidos y en definitiva “acariciar” un poco nuestras imágenes y nuestros corazones. Dejando que, el nuevo espíritu, se acerque a nosotros...

Para terminar y siguiendo el juego que el autor propone con los títulos de sus dos últimos libros: por qué no, como lo anticipara Nietzsche en su Zaratustra, entregarnos a sus lecturas para ayudarnos a rencontrar el “espíritu” del niño, dejando atrás, al del camello y al del león, simplemente abiertos al mundo para un nuevo comienzo...

Quitando el calzón

miércoles, 14 de noviembre de 2018

La vida se experimenta básicamente en el cuerpo y a través de él. El cuerpo es una producción de la vida que tiene a la “biología” como artífice de esa construcción. Este campo (biológico) tiene sus propias reglas (necesidad de alimentación, aire, etc.) sus etapas (niñez, desarrollo, reproducción, etc.).

Cada etapa tiene sus ajustes respecto a cada uno de los temas y estas a su vez sus demandas. Por citar un caso: claramente en la adolescencia y por un largo periodo, el ímpetu de reproducción es bastante central, luego suavemente la propia “biología” retira su “apuesta” en un grupo ya crecido, para otorgar ese “requerimiento” a nuevos jóvenes. Ante los cambios sobrevienen diferentes crisis pues estos se pueden vivir como personales, identificándose uno con su cuerpo y padeciendo de diferentes modos sus ciclos. Por supuesto que la adaptación a estas mudanzas son variadas y a veces pintorescas.

Pero haciendo un salto hacia la historia, cabe recordar aquí que los homo sapiens y su cuerpo no eran, en su momento, los ejemplares biológicos más resistentes a las condiciones que imponía el arcaico mundo primitivo ( su fortaleza, su resistencia a las inclemencias, etc.) sin embargo esta especie contaba con un elemento diferencial que le permitió mejorar crecientemente sus capacidades de adaptación, su ingenio, su inteligencia (aun con un cerebro más pequeño) lo llevó desde mejorar sus opciones de hábitat y alimentación, hasta curar enfermedades, prolongar los ciclos vitales “dados” y salir incluso de su hogar planetario.

Hay que rescatar entonces que nuestra mayor fortaleza no es justamente el cuerpo, sino nuestra capacidad de adaptación creciente, incluso para intervenir en él. Hay algo entonces que puede ir más allá de las posibilidades de nuestro cuerpo y que imagina y crea para alcanzarlas...

Quizás esta parte sea nuestra identidad central y nuestro cuerpo, el fiel amigo transitorio, de la siempre desafiante aventura...

Plan

lunes, 12 de noviembre de 2018

 Somos parte de un gigantesco proyecto Universal: simplemente la evolución de la vida y de la conciencia en el cosmos. Tenemos una pequeña, una ínfima parte de ese Plan, aunque es enorme para cada uno y, más grande aun, cuando además se intenta colaborar con el avance de la porción que toca a otros.

Se pueden utilizar millones de formas para expresar en qué consiste aquello de -colaborar con la evolución- sin embargo, también puede ser reducido a lo esencial cuando se recomienda:

“...cumple con mandatos simples, como son simples estas piedras y esta nieve y este sol que nos bendice...” (*)

(*) Silo, La curación del sufrimiento, 4 de mayo de 1969, Punta de Vacas.

Un rumiante occidental

miércoles, 24 de octubre de 2018

Atardecía en la ciudad, los claro-oscuros mostraban las diferencias de iluminación; Julián iba caminando y entre tanto, “rumiaba” algunos pensamientos. Esas ideas que cada tanto aparecen y que sin aclararse o resolverse van y vienen cuando algunas circunstancias se imponen.

Pensaba en la enfermedad, las razones por las que son afectados unos y otros, por qué se preguntaba. ¿Cómo hacer para que dios ayude, es plausible esta demanda? Sintió una fuerte indefensión ante lo incomprensible.

No lo tranquilizaban las respuestas de la ciencia, ni las creencias religiosas, ni siquiera el nihilismo... Sintió una profunda soledad.

Los trenes de pensamientos eran interrumpidos, cuando, la necesidad de percibir en su andar era manifiesta, ante una vereda rota o alguien que, caminando velozmente, parecía chocarlo. Al cruzar una calle, vio muy lejos el atardecer, regalo que en una gran ciudad hay que agradecer; la luz del sol todavía iluminaba y dejaba ver caprichosas nubes de colores intensos.

Julián quedó fascinado con la postal, era un ocaso diferente a todos, hermoso (quizás todos los que tratamos de mirar lo sean).

Cerró sus ojos con el deseo de fundirse en esa maravilla y en su espacio interno, el paisaje se convirtió en colores más intensos, en rojo, azul y amarillo. Luego sobrevino un silencio intenso de breves instantes...
Como si hubiera alimentado su alma, satisfecho, continuó su marcha. Unos minutos después le llegan ocurrencias, tal vez tardías respuestas a sus dudas.

Comienza a viajar imaginariamente por la inmensidad del Universo, ve sistemas solares, galaxias y se dice: todo esto es una pequeña parte conocida, lo calculado es infinitamente más grande. Cómo tanta enormidad va a estar pendiente de él, cómo reclamar a lo inmensurable atención a esta pequeña partícula, ni siquiera la comparación en escala guarda relación con una hormiga! Pobre ingenuidad! Que lucha estéril! Qué buena razón para perseguir en cada ocasión algo de reconocimiento, en la situación que sea. Estamos enfermos de insignificancia!

Sin embargo, sus razonamientos le resultaban alentadores, sentía que había una salida al laberinto, aun sin ser manifiesta en su discurrir...

Pensó, pero nada impide que cada cual en lugar de esperar atención de la inmensidad, haga lo opuesto, es decir se intente poner en sintonía con lo infinito! Asumirse como hijo de tanta vastedad, cómo “receptor y transmisor” de semejante maravilla...

Así Julián en esa ocasión convirtió, la aparente soledad, en un simple extravío de su verdadera pertenencia...

Tiempo

lunes, 22 de octubre de 2018

Con el interés de profundizar en el tema del “tiempo” y su posible manejo es que comenzaron a correr estos renglones. Claramente este interés le da un encuadre y pone limites al tema, dejando fuera muchos aspectos que pueden ser relevantes para otros puntos de vista.

Se busca no alejarse demasiado de la experiencia, si bien no se descarta lo conceptual, se pretende aquí y de ser posible, avanzar en la comprensión de la propia vivencia sobre el asunto. Esto puede resultar teóricamente “pobre” pero eso no interesa en esta ocasión. No será equivalente revisar el elemento “tiempo” en sí, que hacerlo, en relación a la experiencia que de él se pueda tener.

Ante la pregunta de ¿qué utilidad puede tener esto? en el sentido de la profundización, la respuesta es que, todo avance de comprensión permite una nueva forma de estructurar mentalmente un tema. Sólo como ejemplo y sin hacer una valoración de posturas: no será lo mismo creer que el día soleado es tal, gracias a la ayuda de algún patrono, o a la buena suerte, que conocer el funcionamiento del clima, las estaciones, las previsiones, etc.

I

No se pretende aquí definir o desarrollar aspectos del tiempo en sí, aunque sí se intenta ordenar, en alguna medida, lo que se presenta en la experiencia vital en relación a este aspecto. Básicamente la experiencia del tiempo dada por el transcurrir, se encuadra en los tres tiempos de conciencia, es decir, el pasado, el presente y el futuro, son estas separaciones las que ponen en cierto lugar a lo que llamamos “tiempo”. Hay aspectos generales sobre esta disquisición que son comunes o aceptados y otros que son más particulares o bien subjetivos. Hay también diferentes hipótesis científicas y filosóficas respecto al espacio-tiempo, aunque estas generalidades están lejos de la experiencia cotidiana y en este escrito se intenta avanzar de la particularidad, de cómo se presenta la experiencia del tiempo, hacia alguna compresión de mayor profundidad.

Nadie duda que la Roma antigua, pertenece al pasado de todas las generaciones actuales, sin embargo, algo de todo aquello está en el presente de quien hoy visita el coliseo y también es parte del futuro de otro que planifica un viaje turístico. Por lo tanto la situación respecto de Roma puede englobar diferentes tiempos de conciencia. Entonces qué es aquello de ese objeto que pertenece estrictamente al pasado: la Roma imperial de Julio Cesar. Pero no cualquiera de los restos que le sobrevivieron a su caída.

Si nos ponemos precisos, pasado es todo aquello que ya pasó, presente es sólo este instante y futuro será lo que todavía no es. Ahora en estas distinciones que son tan precisas, en la experiencia individual, las cosas suceden aleatoria o intencionalmente combinado los diferentes tiempos, pues la memoria, donde está lo hecho aparece, de alguna manera, en los otros dos “cortes” que se hacen del transcurrir.

Por ejemplo, ante el futuro inevitable de alguien agonizante, ya no es futuro ir a ver una película, ha quedado exclusivamente en su pasado. Aunque para otro que también fue al cine eso es parte de su pasado, pero como cree que podrá ir nuevamente otro día, será su “pasado-futuro”. Es más, si se cree que, muchas cosas del pasado, aun están al “alcance de la mano” no serán exclusivamente “pasado”, aunque la experiencia de haberlas “vivido” esté allí, aunque, todavía se mantiene abierta la posibilidad de reencontrarlas en un futuro.

También se podría decir que presente es este año o que todas las generaciones que comparten este momento histórico, son el presente. Pero estos “saltos” requieren de aclarar los diferentes puntos de vista utilizados.

Por lo visto hay algunas cuestiones objetivas en cuanto a lo que es considerado pasado, la Historia, la memoria y sus recuerdos. Aunque también hay aspectos subjetivos que se relacionan con la situación de cada conciencia, si se es joven o anciano, etc. Estas particularidades no descartan lo pasado, aunque si lo combinan de diferentes maneras con el presente o futuro. Es decir que no es para todos los observadores que, las cosas del pasado, ya estén allí sin remedio y sin posibilidades de reencuentro.

No hay medición del tiempo que escape a lo pasado, presente y futuro o las diversas combinaciones en que se complementan.

En cuanto al espacio, que siempre aparece ligado al tiempo, qué se puede decir. En principio encontramos el espacio de la conciencia, es decir el “espacio de representación”, luego los espacios por donde se desenvuelve el cuerpo con todas sus variantes geográficas y situacionales. Además, los espacios utilizados para “encuadrar” el tiempo, todos los aparatos creados para medir su extensión (relojes, calendarios, ciclos, etc.)

En cuanto al futuro, comparándolo con el pasado, la situación resulta más indefinida... Por ejemplo, se puede imaginar que se irá a la cocina en unos minutos, también qué trámite se hará mañana, es decir, no resulta difícil imaginarse a futuro ciertos desplazamientos del cuerpo en el mundo de los otros y entre las cosas. Ahora cuando se trata de imaginar o representar el tiempo futuro en general, así como se hace con la memoria, a través de relatos de la Historia, el asunto se dificulta...

Se puede quizás a través de la “ciencia ficción” vislumbrar un futuro subjetivo, algo similar a aquello que dan los diferentes libros de Historia, aunque con estos últimos aparte de la observación personal que hace el investigador, se puede acceder a muchos testimonios materiales que fueron dejando las culturas pasadas. Cosa que no es posible hacer con la ficción futura.

En este último caso -de la ciencia-ficción- se ven en general muchos instrumentos desarrollados que están en el presente, ya en utilización o en proyectos de laboratorios, aunque no es común ver en esas historias, aspectos humanos proyectados y cambiados radicalmente, como sí lo muestran los objetos. Salvo algunas irrupciones de la biología que, sola, hace arreglos genéticos o también, se imaginan, intervenciones médicas que a través de distintas prótesis mejoran al cuerpo. Es decir, se ven las mismas características culturales actuales aunque viviendo o viajando por el espacio y el tiempo a velocidades hoy imposibles y a lo sumo, cambios físicos.

Sin embargo, si vamos hacia atrás, nadie duda que en muchos aspectos no sólo cambiaron los objetos de uso cotidiano, se mejoró científica y técnicamente sino que, muchos aspectos de la conducta humana, fueron transformándoce. Claramente éstas visiones de las novelas surgen de algún trasfondo que, le otorga a lo técnico, mayores posibilidades que al cambio del ser humano (Como dijo un poeta: "...cambia más rápido una ciudad que el corazón de las personas...").

Aunque en rigor, el ser humano irá transformándoce también por la utilización de lo técnico, que a su vez surge del ingenio de otros que van re-alimentando todo el proceso. Con lo cuál una ciencia ficción que no otorgue cambios a las conductas futuras de sus protagonistas es una visión incompleta de un mañana posible.

Hasta aquí se ve que el tiempo tiene relación con el observador o la conciencia, más allá de que existan ciertas convenciones generales, pero es en el transcurrir, para cada persona, en donde se experimenta el paso del tiempo. Su ubicación en el cuerpo y en su espacio, le da la perspectiva para su ordenamiento (pasado-futuro y aquello que no entra en alguna de esas dos categorías).

Existirá entonces alguna posibilidad de “escapar” a esa categorización del tiempo, será posible abstraerse de ese ordenamiento y acceder a un tiempo diferente, no determinado por la actividad de la conciencia, del cuerpo y de su ubicación.

Esto podría ser posible, pero ¿cómo?

Hay algunos testimonios confiables que muestran el adelantamiento a hechos por suceder y que más tarde se confirmarían. Como también el esclarecimiento de eventos que ya sucedieron. Además la vivencia de acontecimientos que, en un mismo presente, fueron captados por alguien que no estaba en el espacio físico donde aquello ocurría. Ejemplos éstos que muestran alguna posibilidad cierta.

II

No hay pensamiento, emoción ni acción que no surja de la interioridad, ese espacio no es tan claro pues se trata de un trasfondo que nutre a las manifestaciones más externas, o sea a la idea, a la pasión y al acto humano. Por ello se lo puede abordar desde la metafísica (del griego, «más allá de la naturaleza») rama de la filosofía que estudia los principios fundamentales de la realidad. Esto incluye la aclaración e investigación de algunas de las nociones fundamentales con las que entendemos el mundo, como entidad, ser, existencia, objeto, propiedad, relación, causalidad, tiempo y espacio.

Por tanto, desde esta visión, vemos una cierta dependencia de nuestras posibilidades y direcciones a esos principios anteriores a nuestro actuar en el mundo. Estos fundamentos dinámicos sobre los que nos vamos moviendo, son básicamente culturales (lo bueno, lo malo, lo posible lo imposible, lo deseable, dios y su opuesto, patria, género, naturaleza, ser humano, universo y etcéteras).

En épocas como ésta es justamente en aquellas profundidades donde se producen los “derrumbes” y “crujen las placas geológicas”, ya no se trata simplemente de adecuaciones externas simples, sino que se están tocando esos principios “metafísicos” donde se asientan las culturas. Esto explica, en parte, las reacciones sociales tan divergentes o a veces increíbles. Como se mueven las “bases” o los fundamentos, se comienza a improvisar buscando salidas (con temor, urgencia, desesperación o libremente desde el fracaso).

En esta suerte de desbarajuste “sordo” (aunque cada vez más ruidoso) encontramos los impedimentos y también las posibilidades para avanzar en el espacio-tiempo. Pues lo posible y lo imposible, más allá de las fantasías, comienza a estar en duda, así como tantas otras cosas.

Es ante las diferentes crisis cuando se puede meditar sobre nuevos principios y fracasar, de ser necesario, con los heredados históricamente, esta renovación progresiva, no es algo menor sino central. Pues a veces en la propia conducta se alcanzan a ver, las contradicciones que existen entre viejas y nuevas valoraciones. Pero se reconoce que estos cambios no son fáciles, no es simplemente introduciendo una idea interesante, en esa profundidad, la forma que nos permite cambiar ese trasfondo. No se puede introducir un nuevo elemento en un espacio ya colmado, además, se necesita una suerte de vehículo para que lleguen hasta allí.

No parece que basten ideas sueltas sino más bien, argumentos más completos y con la carga que da el afecto, lo que parece llegar a las profundidades de la conciencia. Esta suerte de relato mítico, tiene que ser sentido y no simplemente transmitido por alguien, aunque las verdaderas enseñanzas, sin dudas, que son vitales pues nos ofrecen herramientas y mapas para movernos en tierras ignotas.

Los principios de referencia no pueden ser muchos, ni muy complejos, pero sí tienen que ser encontrados, elegidos y utilizados para ir meditando sobre la propia conducta, al advertir cotidianamente que hay pensamientos, emociones y acciones que no responden a ese nuevo rumbo. Este es un trabajo de perfeccionamiento (no para alcanzar una perfección) sino para ir alineando y puliendo con flexibilidad todos los centros vitales desde una nueva visión del mundo.

Este fortalecimiento al que aspirar no será sólo externo, deberá ser también concebido en el volumen interior para que tenga alguna potencia y con ello intentar reforzar todo lo externo que sea materialización de ese nuevo mito.

Así y entre tantas otras cosas, será posible ir dejando imposibilidades y falsedades alimentadas por una antigua forma cultural y acercarse, con humildad, a posibilidades ciertas de experiencias con el tiempo y la proyección en diferentes espacios.

III

Las posibilidades de silenciar la manifestación del tiempo en la conciencia, fue vislumbrada por muchos pueblos desde épocas remotas. Había necesidades y búsquedas en la vida cotidiana, que iban más allá del tiempo lineal y para intentar satisfacerlas se desarrollaron modos.

Históricamente los procedimientos que buscaban “contacto” con otra manera del tiempo y del espacio (adivinaciones, impetraciones, contacto con seres y otros prodigios), cosas que conocieron distintas culturas, en general eran desarrollado por especialistas, éstos se preparaban desde aspectos simples hacia otros más complejos; ahí estaban los sacerdotes, las sibilas, las pitonisas, los augures, los chamánes, taumaturgos, etc.

Visto desde una perspectiva externa, se marcaba una separación con la gente en general y esto de especializarse, en algunos casos, fue utilizado para detentar poder sobre los demás, desvío que muestra siempre y en todo lugar un alejamiento del interés inicial. Sin embargo, más allá de estos aspectos no deseables, en principio esta separación implicó la necesidad de tener algún adiestramiento especifico y una preparación distanciada de la vida cotidiana.

Sin hacer una gran investigación y sin entrar en las interpretaciones que se hicieron desde “afuera”, no cabe dudas que, los antiguos, algo sabían y algunos creían en sus mitos fuertemente, así rondaban experiencias con diferentes manifestaciones del espacio-tiempo y la energía.

Genéricamente, la preparación consistía en atender tres aspectos o campos. En primer lugar el físico (ayunos, retiros, cercos físicos, consumo de sustancias (desde mascar hojas de laurel, oler ciertos humos o ingerir diferentes tóxicos); en segundo lugar, el mental (cercos mentales, emplazamiento, ciertas concepciones, como dirección y posterior traducción) y por último el campo espiritual (propósitos, mitos, deseo de servir a otros, dioses, etc.) era importante que estos tres items se pudieran alinear o sincronizar.

Más allá de que pueda sonar rimbombante todo esto, es cierto que, el intento de ir en esta dirección se va topando con impedimentos para entrar en esa rara “frecuencia”, pero también se van descubriendo puntos de apoyo a considerar en estos “campos” que se mencionan. La falta de preparación de estos temas se experimenta como una suerte de frontera entre mundos, uno denso y otro sutil. En este sentido la palabra “depuración” aclara una dirección en este “procedimiento” que se esta repasando.

En síntesis parece que la atención y manejo de estos aspectos del “proceder” están más relacionados con las fallas, errores o fracasos de los experimentos que, la duda o imposibilidad de “éxito” de lo que aquí se está explorando. Si hay que dudar de algo, es más equilibrado hacerlo del procedimiento y su perfección que del mundo al que se pretende invocar. No porque sí, sino porque al parecer es el procedimiento el que abrirá o no las puertas de todo el asunto.

De acuerdo a esto entonces, parece necesario ir puliendo un “procedimiento” que permita alinear estos 3 campos (cuerpo, conciencia y lo espiritual).

IV

Redondeando los aspectos que se mencionaron hasta aquí y recordando el interés inicial se sintetiza esto: Se comenzó con el tiempo y el espacio y su vivencia habitual, se mencionaron las posibilidades de escapar a su determinada linealidad. Se vio cómo las concepciones “metafísicas” son una dependencia que se tiene y la necesidad histórica de renovación de las mismas, no por capricho sino por imperio de las circunstancias o intención (nuevos mitos). Además se repasó, de manera un tanto superficial, la importancia de procedimientos para alcanzar inspiraciones que traduzcan otros espacios y tiempos.

Todos estos aspectos que, no estaban ligados en el comienzo, fueron apareciendo vinculados en el transcurso de la reflexión.

Queda la visión de que todo esto se trata de un proceso donde se va avanzando en distintos aspectos y que es necesario, cada tanto, estudiar, experimentar, reflexionar y retomar temas que van quedando como “vistos” y que justamente el “avance” pone en evidencia y muestra, la necesidad de revisarlos pues pueden admitir nuevos grados de profundización.

“Somos una parte de la humanidad que está buscando producir en sí misma los cambios que el proceso histórico va demandando. Dar respuestas a la orfandad que la falta de “vida” o más bien la muerte de los viejos mitos está dejando. Esta gran coyuntura histórica, es de gran dificultad, la “vivificación” de todo lo que continuará no es simple.

Por eso no es sencillo el intento, pero, es el camino y la aparición del registro de compasión afectiva hacia los otros, un indicador en este proceso”.