Tradicionalismo II

sábado, 13 de mayo de 2017

En un escrito anterior se aclaró el significado que se le da cuando se caracteriza con el término (tradicionalismo) a un momento histórico. Ahora intentaré aplicar y “bajar a tierra” esta calificación incluyendo para esto algunos hechos de los últimos años ubicándolos de manera tal que fundamenten y describan, desde éste punto de vista, los tiempos que se viven.

Opino que con el inicio del nuevo siglo comenzó una etapa que progresivamente se fue consolidando como “tradicionalista”. Esto se ve a partir de un resurgimiento extendido de los fundamentalismos religiosos, en muchos casos, de tensiones milenarias que emergen nuevamente. Incluyendo en esta atmósfera, como ejemplo, el temor que se presentó con el cambio de fecha en las computadoras (Y2K) que tuvo un tratamiento un tanto “apocalíptico” y también con la aparición de viejas profecías, al menos en occidente.

En este ambiente de fin de milenio, el atentado a las torres gemelas fue un impacto mundial, más allá del numero de victimas, por todo lo que implicó. Disparador, entre otras cosas, de una “nueva cruzada”...

Cuando se mencionan a los fundamentalismos no se está haciendo referencia exclusivamente a lo que conocemos como chiitas, sunitas, talibanes, estados islámicos, sino también a las actitudes de católicos, judíos, protestantes, ortodoxos, etc. No sólo éste talante fundamentalista se expresa en posturas religiosas, sino también fuera del campo de las religiones (“grieta”, hinchadas de fútbol, etc.).

Sin embargo hay que decir algo sobre de dónde se venía y cómo se llegó a este “cambio”. Luego de la caída de la Unión Soviética y el ocaso de una la lucha ideológica con el capitalismo que marcó una gran parte del siglo XX. El futuro, ideológicamente hablando, comenzó a trastabillar, junto con el propio fracaso de occidente en cuanto al sueño que alimentó durante décadas.

Quedó el dinero y el consumo como máximo valor y el pragmatismo como manera de conseguirlo. Muchas personas se fueron quedando sin un “centro” que de coherencia, sin un “esquema interno” que les permita saber claramente, cuándo decir sí y cuándo decir no y comenzamos a observar a la incoherencia generalizada como modo de ser. Esto se fue apreciando tanto en la calle como en los notables de cualquier campo.

En este contexto y haciendo un aporte, en medio del absurdo “fin de las ideologías”, Silo lanzó al mundo sus “12 cartas” donde se fundamentan ideas tanto para alcanzar la coherencia a nivel individual como también, una ideología Humanista para dar continuidad a los intentos evolutivos que se lograran encausar, así como a nuevos proyectos.

Ahora, más en la actualidad, se percibe a gran parte de la población que aspira a llegar a ser parte del 10 % de la población rica del mundo, como el mejor ideal que se puede tener, pero claro si todos llegaran ahí, eso ya no seria tan interesante, mostrando así el absurdo de ese sueño. Del mismo modo, los del diez por ciento, ponen todo su esfuerzo en conservar y aumentar su situación, generándose así una polaridad sin salida.

Otros tantos intentan buscar realizaciones a través de algún tipo de espiritualismo, regresando a la naturaleza, a lo simple, al disfrute, a lo “puro”, etc. Qué decir del creciente impulso de “purificar al cuerpo” a través de ayunos, dietas, gimnasias, aguas. Hay además, muchos que, cual zombis, sin límites ni ideas, están “para cualquier cosa”. Por último los que antes estaban “olvidados”, continúan, en esta nueva atmósfera, sin saber cuándo y cómo dejaran de serlo.

Las propuestas ideológicas, hoy deprimidas, ya no impactan en las poblaciones y valen más los gestos o mostrar figuras conocidas, que la coherencia con un programa. Comienzan luchas en contra de “ejes del mal”, “infieles”, revoluciones de alegría, nuevos muros y odios raciales, opiniones de religiosos, por ejemplo, el mayor representante de una religión adoptó como simbolismo el nombre de un místico del siglo XI 1, que participó de las cruzadas antes de su conversión.

En este tiempo, el tema energético se presenta cada vez con mayor gravedad, el mundo se “mueve” con un tipo de sustancia fósil que se está agotando. Paradoja ésta digna de dimensionar en el momento histórico: el tema del agotamiento “energético”...

Las “democracias”, construcciones racionales e ideológicas, son cascaras con las que cuesta cumplir y mucho más perfeccionarlas. El Estado molesta a los talibanes del dinero. Hay tendencias a desarticular ciertas uniones de países, cosa que podría continuar adentro de esos límites.

En general el temor cruza a las poblaciones, temor a la inseguridad urbana, a la contaminación, a las guerras, al terrorismo, etc. etc. Miedos que no se conjuran con “ideas” sino con acciones simbólicas y rituales variopintos. Además claro del fortalecimiento descarado de las maquinarias de “defensa” y “seguridad”.

Todo esto intensificado con violencia creciente de distinto tipo, falta de satisfacción creciente, desorientación y un futuro que, en términos de ideales de vida, se aparece incierto o por lo menos corto.

Estos contenidos presentes en el momento histórico, orbitan en las cabezas de las personas. La desilución con un mundo que ya no es, el dinero y el consumo como máxima solución a la vida, el futuro poco claro, los fuertes temores, el acceso a mucha información y a nuevas tecnologías, la búsqueda espiritual. Toda la dinámica que constela estos elementos tendrá su decantación mecánica, aunque no sabemos cuanto tiempo llevará. Comienzan a surgir indicadores comunes (concomitancias), aunque muchas cosas parezcan moverse con características particulares. Es como un río turbulento donde mezcladas en sus aguas hay diferentes partículas y que llevará un tiempo que esos sedimentos se ordenen y precipiten.

Sí sabemos que mediante un trabajo intencional esto se puede acelerar, pues no nos confunde el hecho que las distintas características de las épocas (tradicionalista, racionalista y desilucionada) se penetran unas a otras y que mayoritariamente una tiende a avanzar con mayor vitalidad, mostrando de esta manera el signo de los tiempos.

Siento que la situación mental en la que estamos entrando es de necesidad de buscar respuestas en otros espacios... La "razón" parece insuficiente para entender el mundo o por lo menos para lograr un equilibrio interno entre tantas cosas que suceden. La acción hoy vacilante o al menos sin renovación contiene cierta desesperanza. La omnipotencia de los poderosos es descarada, la vida de las grandes mayorías pasa atendiendo las cuestiones más pedestres … Entonces dónde buscar esperanza, futuro? En el pasado no está, aunque la conciencia tradicionalista busque allí sus referencias, y el futuro, se aparece amenazado por la violencia y la incoherencia...

Es difícil apreciar con una mirada inmersa en estas corrientes históricas, exactitudes que no tienen una existencia material, aunque sí sepamos que es esa “forma” la que le da su impronta a tantos eventos...
Por otro lado, más allá de que el tradicionalismo, tiende a inspirarse en el pasado, es también la ventana histórica que se abre en las búsquedas espirituales de las grandes mayorías y allí la importancia de una Nueva espiritualidad quizás la única opción verdaderamente evolutiva...

Creo que el futuro hoy está en la búsqueda de, una “nueva espiritualidad” suave, de cierta luz, de cierta rareza inmaterial. Donde “el pedido y el agradecimiento”, por ejemplo, que propone El Mensaje de Silo, son una manera de actuar y conectar en esos espacios. Siento que todo esto no es lo que le pasa a mi conciencia, creo que nos está sucediendo a muchas personas y nosotros tenemos una respuesta para esta época, aunque claramente no es una respuesta “de época” sino adaptada a ella y a sus necesidades evolutivas.

1-Este personaje (hermano sol, hermana luna) fue relanzado a comienzos de los 70 para “sintonizar” con el movimiento juvenil que estaba en marcha y para ofrecer una propuesta en esa atmósfera “libertaria” donde también llegaban propuestas orientales. Del mismo modo lanzaron una “teología” adecuada para acompañar otras de las manifestaciones juveniles de ese entonces.