Un intento que da sentido

martes, 18 de julio de 2017

Se observa una clara tendencia en el mundo, creo que esto es evidente para muchos, una tendencia a una fractura creciente entre los políticos, gobiernos, la justicia, los medios de difusión, los grandes empresarios, en general, lo que se califica como “poderes” contra la mayoría de la población.

Sin embargo todo este “poder” está vinculado, de diferentes maneras, con sectores de la población del “llano”, quiero decir que, si bien hay una fractura que se expresa en la incomunicación que existe entre los problemas reales y los discursos, entre las necesidades efectivas y las palabras, entre la adopción de bandos que pocas veces incluyen a las grandes mayorías, al menos de manera concreta, todo ese sector poderoso tiene sus replicantes entre la ciudadanía.

A pesar de que estos no sean beneficiarios evidentes de lo que va pasando.

Hay mucha energía que se pierde entre la gente en discusiones inútiles de posturas opuestas mientras nada de esto cambia el rumbo de los poderosos y en todo caso sólo debilita las relaciones entre las personas comunes. Sin modificar la tendencia que estamos mencionando.

No parece cercana la posibilidad de que los gobiernos tengan autonomía de los sectores económicos y si la logran por sus convicciones tendrán que soportar infinidad de trabas que desplegaran todos los otros poderes que se oponen a su rumbo. En medio de todo esto estamos las personas, muchas veces divididas por el tipo de “color” al cual adherimos pero que, ni quita ni pone, en las refriegas entre los poderosos, aunque se tenga la ilusión, a veces, de que sí influye.

Dejando de lado la efectiva acción de votar, el resto del tiempo no parece de gran influencia todo lo que los grupos humanos puedan lograr. Al menos en una pasada rápida por la dinámica social.

Está imposibilidad tiene como máxima consecuencia la debilidad, la desunión y justamente las inútiles disputas de “camiseta” que existen entre los comunes.

Por mi parte en verdad creo que solamente la unión de las personas comunes, lejos de los políticos de carrera, de los aristócratas jueces, de los insensibles empresarios, economistas y alejados del periodismo cómplice del bando que sea. Esta distancia con todos estos “operadores” de los intereses distantes de la gente en general se puede concentrar en una sintonía que no acepte banderas parciales y que exijamos con el voto y por todas las vías posibles cambios efectivos en el sistema democrático.

Es un punto en el que podemos converger todos y si no lo hacemos de una manera explicita o en una rara “resonancia” etérea, la cosa continuará en una dirección desfavorable para todos nosotros.

En síntesis lo hacemos nosotros -la gente de a pié- o no lo hará nadie!

Cada vez que se les da el voto a gente equivocada, ellos ya en el poder avanzan mucho, con sus negocios, equipando equipos represivos, asociándose con los medios masivos, etc. Es un error considerar a todo esto sólo como una problemática local o de un país, por el contrario es una tendencia mundial.

A través de sus campañas, de la posibilidad de mentir en sus ofertas, sin pudor ni culpa; la capacidad de percutir en la cabeza de millones con tanto estímulo para ir instalando adhesión a sus opiniones, incluso de tantos que se perjudican en su diario vivir, pero que, en una suerte de hipnosis, apoyan fanáticamente. Así, van creyendo que son un “gato” y maúllan a pesar de que, hay evidencias permanentes, que muestran que no lo son.

Ciertamente esto de querer cambios profundos de sistema, ya comenzó, aunque no se sabe cuanto tiempo llevará, sin embargo tiene sentido, como mínimo histórico, sumarse a esta dirección. Recordemos que las revoluciones del siglo XVIII y XIX, por ejemplo, no se produjeron en un año, simplemente se les dio una fecha de referencia en la cronología, donde se concretó un proceso, que comenzó muchos siglos antes. Como todo en algún momento comienza y eso inevitable si se quiere que en algún tiempo, por acumulación, se pase a otra cosa.

Para terminar, tengo la certeza de que lo que hagamos hoy profundizará el trazo que, en algún momento histórico, producirá el salto que realmente vale la pena.