Para que algo pase, algo hay que hacer

jueves, 20 de abril de 2017

En cada época de la historia, se puede escribir como se pinta o como se hace música, etc. es decir que los distintos modos de expresión artística pueden ser concomitantes con un determinado modo de sentir. Aunque lo expresen de maneras muy diversas, hay un ritmo, un estilo, un modo, más allá de las destrezas en cada persona; se va a reflejar de alguna manera “el momento” o la sensibilidad del mismo, en la impronta de quien “hace” en un tiempo determinado.
Se puede hablar así de un arte gótico, romántico, surrealista, minimalista, etc. definiciones estas que incluyen múltiples expresiones.

Por lo tanto desandando lo que el arte va expresando, dejando de lado las representaciones (escritura, pintura, imágenes, música, construcciones, etc.) se puede llegar a una intuición o a intentar “apresar” un determinado momento del sentir humano.

Esto tiene muchos aspectos dignos de estudio, claro que no reviste interés para todo el mundo. Aunque así sea, hay un aspecto que quiero resaltar utilizando para ello este breve contexto como introducción.

Me refiero a que, al ver las cosas así, se puede advertir que no sólo hay una personalidad, una manera de ser de un determinado individuo sino que, como tal, se es parte de un sentir más generalizado que, con sus matices, expresa algo tal vez difuso y que está más allá del individuo.

Existe así la posibilidad de observar, que ademas de la historia personal, uno es parte de un determinado momento histórico y en este sentido tiene distintas sintonías con otros, conocidos y desconocidos.

En principio notar esto puede significar el alivio de un cierto “peso” que alguien puede sentir por su manera de ser. Esta comprensión no le quita responsabilidades pero sí atenúa la sobrecarga posibilitándole hacer cambios y a dar “vueltas de páginas”. Comprendiendo que en el propio cambio también se está cambiando una partícula de la historia. O que, las resistencias al cambio individual, son también oposiciones que nos plantea el momento histórico.

Lejos de pretender hacer un reduccionismo, cosa ridícula en estas materias, por el contrario buscando una manera de advertir ciertos “movimientos” de los acontecimientos apelamos a algo conocido.
Usemos el ejemplo del comportamiento del agua para graficar estos procesos, elemento tan importante para la vida, que siempre nos puede enseñar algo al respecto. Si alguna vez se observó el calentamiento del liquido en un recipiente transparente, es fácil ver que son algunas partículas las primeras que comienzan a evidenciar el calentamiento al que el conjunto esta siendo sometido, luego de un tiempo, el todo comenzará a mostrar el cambio de estado que está en marcha, del mismo modo, para ese momento, algunas moléculas ya comenzaran a transformarse al estado gaseoso y así siguiendo.
Aquí se destaca cómo la particularidad puede manifestarse antes en un proceso que está afectando a todo un conjunto y que ésta brizna, es parte de algo mayor que la contiene y que ambos (individuo y conjunto) son influenciados mutuamente y aunque sus movimientos no sean simultáneos tienden a converger.

Luego de este rodeo y para concluir, volvemos a la temática central ojalá con mayor claridad gracias al ejemplo.

Decimos que ésta determinación que tiene el individuo respecto a su tiempo, muestra además que hay otros “espacios”, más allá del individual, regiones en las que podemos llegar de manera intencional y comenzar a vibrar con otros. Pero también que podemos ser simplemente “reflejo” del estado al que está siendo expuesta la mayoría aunque evidenciándose, en cada caso, de alguna manera particular.

Entonces, está “lo dado” en la singularidad personal y también en las resonancias con el momento histórico.

Pero también está, la opción de comenzar a operar allí, en esos dos campos, poniendo algún tipo de intención, de dirección, de pedido y acción.