TwitterFacebookGoogle PlusEmail

LECTURA Y ESTUDIO DEL LIBRO “EL DÍA DEL LEÓN ALADO” DE SILO

jueves, 3 de abril de 2025

Notas personales:

En cuanto al libro, cuenta con once textos agrupados en: cinco “cuentos cortos”; tres “relatos” y también  tres “ficciones”. El ejemplar que utilizo, no tiene prólogo, es el de editorial Leviatan.

Primer cuento corto

HOGAR DE TRANSITO

Aquí, rápidamente, aparece el punto de vista del autor en algún lugar de medio oriente o en algún barrio de otro país convertido en “oriental” gracias a la inmigración. Va definiendo a través de información para los sentidos (visual, auditiva, olfativa) lo que hay que “ver”. Claramente se va con celeridad a una situación de velatorio/muerte, el desplazamiento sobre todo esto es liviano y con algo de humor en lo que nos narra (gordo, piano de cola, mano que entra y sale del ataúd).

Se desarrolla un proceso de “eutanasia” activa, pues, se le suministra una sustancia e involuntaria, pues es la hija quien autoriza el procedimiento sin la participación del padre.

Interrogantes: no hay información que sea un procedimiento legal en países de medio oriente. Las tres religiones mayoritarias lo prohíben expresamente y los códigos legales de casi todos los países también. Por ahora, la eutanasia es legal solo en algunos países: Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Canadá, Colombia y Nueva Zelanda. Hay que ver también la “letra chica” en estos casos.

También como interrogante podemos sumar que, puede ser, que a nivel popular se mantengan o se incorporen usos y costumbre que utilizan este procedimiento a espaldas de lo “legal”. Así como sucede con otros temas que se discuten en la teoría, pero que, a nivel de las personas se utilizan antes que sea legal o se continúan utilizando una vez prohibidos (gauchito gil y otros, divorcio, familias dobles, elecciones de género, drogas, etc.). La dinámica de la vida social va a una velocidad, entre tanto que el sistema va a otro ritmo y casi siempre con otras prioridades.

Volviendo al cuento, el nombre ya anuncia que se va tratar del paso de un lugar a otro “transito”.

Es una situación asimilable en nuestra cultura a un velatorio, aunque se hace algo increíble para nuestras costumbres, aparentemente no hay una intervención de médicos u otros elementos del ámbito de la “salud”. El procedimiento no es improvisado, con lo cual se sospecha que es algo que se repite y que se realiza con “destreza” y “dulzura” o compasión. Se deja entrever que hay además otros métodos, en una suerte de “carta” elegible.

El paseo por toda la situación no moraliza, describe y acompaña compasivamente a los presentes. Mostrando que, más allá de lo que se cree, se puede acompañar afectivamente en momentos como este.

Finalmente me queda la sensación de que se trata de un relato desestabilizante como para definir de que se tratará el libro. Mueve la “estantería” y uno se podría cuestionar si quiere seguir o no… Se trata justamente de un “transito”.

Síntesis: “Encontraras más cosas aquí, pero para ello tienes que aflojarte, estar receptivo, abierto y suspender (transitoriamente) tus creencias…”

La necesidad de la convergencia II

lunes, 24 de marzo de 2025

En la nota anterior se decía:

“El punto determinante, entonces, es encontrar imágenes y escenas que generen una verdadera convergencia. Sin esa convergencia, el salto de calidad que necesitamos no será posible. No basta con que una visión se imponga temporalmente, porque tarde o temprano otra ocupará su lugar, repitiendo el mismo ciclo. Sin una imagen integradora, sentida y con sentido, los individuos no podrán confluir en una obra común.”

Respecto a estas afirmaciones, me hicieron dos observaciones:

1-Buena la teoría, pero ¿Cómo sería en la práctica?

2-En este planteo, ¿Cómo se incluyen los “enemigos” de la humanidad, “la mala gente”, etc.?

Sobre la primera cuestión, en este escrito se mencionará un breve esquema que permite poner en práctica la propuesta.

Sobre la segunda observación, que pone en duda o invalida la utilidad de un planteo porque no es aplicable a toda la humanidad o a grandes conjuntos, se podría desarrollar mucho la contra argumentación a esa postura. Sin embargo, no es el objeto de este escrito hacerlo y lo dejaremos para otro momento. Solo pondré una metáfora, quizás críptica, pero que ayuda a proporcionar:

No se impugna la utilidad de un recipiente que se llena con agua porque no puede recibir toda el agua de un lago…

Despejados estos temas, avancemos hacia la cuestión más práctica. Hace tiempo se nos transmitió que la convergencia requiere de algunas condiciones. Esas condiciones mínimas y no excluyentes tienen grados, y son justamente estas diferencias las que le dan dinámica y retroalimentan la práctica misma. Estos “grados” hacen referencia a que no se busca uniformidad, no se manipulan los objetivos, se habla con la verdad, no importa de dónde viene la gente sino hacia dónde va, etc.

Tres puntos hacia la convergencia:

a) Hay que contar con un marco conceptual que sea comprobable en la experiencia, no ideas surgidas de fuentes desconocidas o incoherentes. Avanzar en el estudio de estos principios habilita el entendimiento y la comprensión. Construye poco a poco una “visión del mundo” que es coincidente con lo que se experimenta. Por ejemplo: cómo se define lo bueno y lo malo, lo primario y lo secundario.

b) Esta teoría debe ser practicada, llevada a la vida cotidiana, a la experiencia concreta. Así se podrá comprobar por uno mismo la validez o no de los conceptos. Para cambiar suavemente lo que tenga que mejorar o integrar a mi vida. Por ejemplo: cómo experimento el egoísmo, la mentira, el acuerdo con uno y con los otros.

c) Estos puntos es conveniente compartirlos con otros, así se amplía, a partir del intercambio de experiencias, no solo el entendimiento sino la comprensión y las posibilidades de cambios y mejoras y de buena irradiación hacia aquellos que forman parte de mi mundo. Si se busca una cierta sincronía y a esta se la pone en el espacio y en el tiempo, se proyectará hacia el mundo convergencia. Acuerdos mínimos, pero primarios en importancia, por ejemplo: “Bueno es lo que une al pueblo. Malo aquello que lo desune. Bueno es dar fe a los pueblos en ellos mismos. Malo el fanatismo que se opone a la vida.” (1)

Teoría, práctica y sincronización, es un triángulo mínimo, que es reducible y extensible hasta el infinito. Tampoco importará la época o los procedimientos que se utilicen, pues aun en lo virtual o tecnológico esa “forma” puede existir y ser un verdadero punto de apoyo.




(1) Silo, Acto público en la Mutualité, París, 8 de noviembre de 1981.

La necesidad de la convergencia

domingo, 23 de marzo de 2025

Hace un tiempo escribí algo que decía: cuando una discusión escala, se pierde de vista el asunto central. La confrontación, la ofensa o la simple testarudez desvían la atención del tema inicial y lo reemplazan por una lucha de posiciones.

Sin embargo, esta reflexión quedó en la copresencia sin detenerse a observar cómo se manifiesta en la vida cotidiana y en el mundo.

Es natural que cada individuo o grupo tenga un punto de vista diferente sobre cualquier fenómeno. No solo por el lugar desde donde se observa —un enfoque espacial distinto—, sino también por los intereses, a veces implícitos, que influyen en la manera de ponderar las cosas.

Esto me lleva a preguntarme si la dificultad para alcanzar acuerdos responde a una limitación propia de este momento histórico o si, por el contrario, ha sido siempre un techo infranqueable. ¿Es un obstáculo recurrente en la historia o, quizás, el punto de inflexión que podría permitirnos dar un salto de calidad en nuestra evolución?

Lo que suele ocurrir es que una postura "gana" y se impone, pero sin integrar a quienes "pierden". El ciclo se repite: los vencidos esperan su oportunidad hasta que, en algún momento, pasan a ser los nuevos dominadores, imponiendo su visión sobre los anteriores vencedores.

Es posible que, en lo que se conoce como "momentos humanistas" de diversas culturas, esto no haya sucedido, al menos temporalmente. Tal vez en esos periodos se logró algo distinto: una convergencia que permitió integrar múltiples perspectivas en lugar de perpetuar la alternancia entre dominantes y dominados. Esta idea merece una exploración más profunda.

Cuando un grupo proyecta su visión sobre el mundo y logra adhesión, sus seguidores pueden reflejar en esa gran pantalla parte de sus propios intereses. Sin embargo, cuando esa pantalla o burbuja se disuelve, cada uno regresa a su postura individual, generando una fragmentación inevitable. A veces, se intenta recuperar imágenes compartidas de otros momentos históricos, pero estas ya han perdido su carga energética con el paso del tiempo y no logran generar el mismo impacto.

El punto determinante, entonces, es encontrar imágenes y escenas que generen una verdadera convergencia. Sin esa convergencia, el salto de calidad que necesitamos no será posible. No basta con que una visión se imponga temporalmente, porque tarde o temprano otra ocupará su lugar, repitiendo el mismo ciclo. Sin una imagen integradora, sentida y con sentido, los individuos no podrán confluir en una obra común.

Quienes impulsen esta convergencia no deberán presentarse como ejemplos a seguir, sino simplemente actuar de manera coherente con sus principios. No bastan los eslóganes, ni siquiera la urgencia de los problemas que enfrentamos —violencia, cambio climático, vida en las grandes ciudades, pobreza—, porque estos temas siguen siendo abordados desde perspectivas parciales, “ideológicas” o interesadas.

Tal vez el verdadero salto no provenga de una parte que se imponga sobre el resto. Se podrán lograr avances, sí, pero siempre quedará algo pendiente, algo que tarde o temprano se manifestará. No estaremos ante una transformación genuina, sino ante una evolución mecánica basada en la simple acumulación de cambios.

Quizás lo que nuestro tiempo reclama no es solo una revisión de creencias, sino un cambio mental profundo. Un desplazamiento del yo en función de algo más grande, algo que beneficie a todos. Sospecho que esto será posible sólo gracias a la fuerza de una nueva espiritualidad o mística interna…

Informe del clima

lunes, 17 de febrero de 2025

A nivel mundial, estamos entrando en una tormenta perfecta, que se manifiesta en todos los ámbitos. Gobiernos con tendencias autoritarias, democracias tradicionales debilitadas, sistemas de salud desfinanciados, educación cuestionada, tecnología que avanza sin control y un clima impredecible y desconcertante.

El futuro que se vislumbra es distópico. Los ideales de la Revolución Francesa y los valores democráticos de la posguerra han perdido significado en manos de la política tradicional. Hoy, no hay una fuerza que levante esas banderas renovadas para los nuevos vientos del siglo XXI. Los grandes capitales tampoco apuestan por el progresismo; los billonarios invierten en contra.

Estados nacionales endeudados y sumidos en diversas crisis económicas. Todos los valores son cuestionados, y en este contexto, las ortodoxias y los extremismos se fortalecen, ya que las partes sienten la amenaza de perder sus ideales.

Contingentes humanos, generaciones enteras, viven en mundos distintos, no solo por la diferencia entre pobreza y abundancia, sino también por la coexistencia de mundos pasados y futuros. Las percepciones de la realidad divergen de manera extraordinaria: jóvenes reaccionarios y adultos progresistas. Aumento de la esperanza de vida y sistemas jubilatorios en crisis, aumento del desempleo, la pobreza y la migración.

Una creencia transversal lo cruza todo, desde la ciencia y los capitales hasta la política y la gente: "No se puede salvar a todos". Los más considerados hablan de "hacerlo con la mayoría". Esta creencia, por ahora inamovible, impide que surjan nuevas preguntas y, sobre todo, nuevas respuestas.

Todo esto, para uno como individuo, tiene la magnitud de una tormenta, de un día inestable. La analogía sirve para mostrar lo que podemos hacer como personas: salir equipados y seguir adelante, aunque no podamos desplazar los nubarrones. Esta "lluvia ácida" llega a la vida cotidiana como pequeñas gotas que relacionan mi día a día con el mundo.

Creo firmemente en el pensamiento relacional, que ve las cosas como parte de una estructura dinámica. Todo este rodeo es para comprender por qué se ve afectada mi satisfacción cotidiana, seguramente porqué hay una afectación de las aspiraciones y de la imagen del mundo.

Como respuestas, resuenan tres recomendaciones de Silo: "atarse al mástil de Ulises", revisar el mástil y los nudos, y reforzarlos si es necesario. Moverse con verdad interna y no aislarse.

Por ultimo me resuena la pregunta qué se hizo: “por qué alma mía esta esperanza” …

Buscar en uno ese lugar interno que no es eclipsado por nada…

La búsqueda del recuerdo, la formulación o la experiencia de aquello que tenemos y que, paradójicamente nos conmueve, pero, que a su vez, es inconmovible...

El Profesor y el Dragón

domingo, 19 de enero de 2025

El profesor, a punto de comenzar su conferencia, sintió la vibración del celular en su bolsillo. Decidió ignorarlo y concentrarse en la tarea que le aguardaba: desentrañar una de las características del medievo que más le fascinaba. Con cierto placer, se disponía a demostrar, como solía decir, "las absurdas cosas en que creían". Ese día, el tema central serían los dragones. Podría haber optado por la Inquisición y los demonios que sus inquisidores intentaban exorcizar, pero prefería evitar cualquier conflicto con la Iglesia.

Con una sonrisa casi imperceptible, comenzó a hablar de las ferias medievales que se extendían por toda Europa. Entre las maravillas y curiosidades que ofrecían, se encontraban dientes y colmillos, trozos de piel y garras de dragón... Objetos que la gente adquiría con avidez para convertirlos en amuletos, adornar sus hogares o simplemente llevarlos consigo como protección contra los peligros cotidianos. Estos "tesoros" llegaban desde África, ignorando los compradores que se trataba en realidad de restos de cocodrilos del Nilo, dónde existen ejemplares de hasta ocho metros de longitud.

Al profesor le encantaba exhibir esta creencia, le proporcionaba cierta satisfacción sentirse por encima de aquellas "primitivas supersticiones". En la pantalla tras él, se sucedían mapas con posibles rutas que habrían seguido aquellos colmillos y garras hasta llegar a los diferentes rincones de Europa. Si bien la leyenda del dragón no era homogénea, su fama se extendía por todo el continente, garantizando un mercado para estos "productos mágicos". Claro que, desde un punto de vista comercial, era un asunto menor. Una sobreabundancia de "reliquias dragontinas" habría devaluado su precio. Pero al profesor no le interesaba el aspecto económico, sino la credulidad que imperaba en aquella época. "¡Los medievales creían en cualquier cosa!", solía afirmar entre sus amigos.

Para finalizar la conferencia, mientras las imágenes se desvanecían en la pantalla, el profesor recurrió a una explicación: hay cosas que no cambian, por ejemplo, ante una puesta de sol, probablemente los primeros humanos se extasiaban. Con el paso del tiempo, la invención de la rueda, la navegación, la Revolución Industrial… todo este recorrido, y, sin embargo, la emoción que un atardecer provocaba en el observador humano no parecería haber cambiado demasiado; diferente son las creencias. Con este ejemplo, buscaba desvincular el avance tecnológico de las emociones y experiencias fundamentales. Continúa: A pesar de la información y el conocimiento disponible en el medievo, la época otorgaba un cierto consenso a aquellas creencias. Solo desde los nuevos consensos de épocas posteriores se podía criticar el pasado. Entonces se advertía que se creía en cosas que solo existían en la mente de la gente, pero que se proyectaban en el mundo exterior. 

Un cerrado aplauso, tanto presencial como virtual, puso fin a la ponencia.

Con la conferencia terminada, el profesor tomó su celular para generar el código QR que permitiría a la audiencia descargar la presentación. Mientras realizaba la operación, se distrajo con el mensaje que había recibido al inicio de la charla. Era su secretario, avisándole que había conseguido la camiseta de su ídolo deportivo. No una original firmada, como la que habían comprado tiempo atrás, sino que era una casaca que, recientemente, había transpirado su ídolo...

Alegorías

lunes, 13 de enero de 2025

Hace casi 20 años, Luis Alberto Ammann presentaba el libro Apuntes de Psicología IV de Silo en la sala del Parque de Estudio y Reflexión La Reja. Silo estaba allí, escuchándolo. Ammann destacaba algo fascinante: la capacidad de Silo para moverse entre el mundo profundo y trascendente y el plano cotidiano, como si no existieran barreras entre ellos. Mientras lo escuchaba, Silo sonrió e hizo un gesto divertido con su cabeza, imitando un reloj cu-cú que va y viene entre dos realidades. Esa imagen quedó grabada en mi memoria como un símbolo de lo que Ammann describía.

Tiempo después, leí un material en el que Silo explicaba cómo estos dos mundos –el cotidiano, con sus preocupaciones, trabajos y rutinas, y el profundo o espiritual, con lo sagrado y el sentido de la vida– coexisten uno al lado del otro. Usaba la palabra “yuxtaposición” para describir esta relación. Aunque ambos mundos están juntos, no necesariamente se mezclan. Sin embargo, comprender esta idea no era tan simple. Incluso entendiendo el término, me resultaba difícil aplicarlo en mi día a día.

Lo que más se asemejaba a esta dinámica, en mi experiencia, eran los retiros de varios días. En esos momentos lograba entrar en otra sintonía, pero al volver a casa, el contraste con la rutina era abrupto. No sentía una armonía entre ambos estados, sino una separación marcada, como si fuera imposible que convivieran. A menudo caía en la idea de que solo podría habitar uno de esos mundos, lo que generaba frustración.

Con el tiempo, descubrí que las alegorías son herramientas poderosas para entender estas experiencias. Simplifican lo complejo al usar imágenes claras y conocidas. Culturas de todo el mundo han recurrido a ellas para representar fenómenos difíciles de explicar. Una alegoría que me ha ayudado mucho a comprender esta yuxtaposición es la del grifo: una criatura que combina la fuerza terrenal del león con la ligereza del águila.

El león representa la conexión con lo material, la vitalidad y el poder en el plano terrenal. Es el símbolo de lo cotidiano: nuestras luchas diarias, responsabilidades y logros. Por otro lado, el águila, con su vuelo majestuoso, simboliza la espiritualidad, la visión amplia y la capacidad de elevarnos por encima de lo mundano. Si el grifo incluye un pico de marfil, se añade un detalle especial: la sabiduría y la memoria, que nos recuerdan la importancia de integrar lo mejor de ambos mundos. Finalmente, si además lleva un jinete, este tercer elemento representa el principio que unifica y guía, completando la alegoría de manera significativa.

Esta imagen me enseñó que no se trata de elegir entre un mundo u otro, sino de entender que ambos pueden coexistir. Es un recordatorio de que la vida, con toda su complejidad, no es un defecto, sino una oportunidad para buscar equilibrio entre lo terrenal y lo trascendente.

Gracias a las alegorías y símbolos, diversos conceptos dejan de ser abstractos y se convierten en algo tangible que podemos recordar y aplicar.

Y tal vez eso sea lo más valioso: comprender que la coexistencia de estos mundos no solo es posible, sino que es lo que nos hace humanos.
Page 1 of 165123...165 Next Page