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Un pedido esencial

jueves, 6 de agosto de 2026

Hay veces en que algo cambia en uno y se abre alguna perspectiva que permite mirar algo como por primera vez. Algo así me sucedió con una frase del cuento «El día del León Alado» de Silo.

Se trata de un canto a viva voz de uno de los personajes del cuento: Ténetor II, que es escuchado por su sucesor cuando entra al espacio virtual puro:

«Oh Padre, trae de lo recóndito las letras sagradas. ¡Acerca aquella fuente en la que siempre pude ver las ramas abiertas del futuro!»

Me pareció uno de los pedidos más esenciales que puede hacer un ser humano, pues da la proporción exacta de nuestra situación en esta vida, más allá de las necesidades coyunturales por las que uno va pasando.

Busqué el significado de «recóndito» y es uno de los sinónimos de «profundo». Las «letras sagradas» que luego aparecerán en el Libro que porta el Jinete abren a significados esenciales. En cuanto a la «fuente», ya se hizo referencia a ella en la carta a David:

«...Sin embargo, más allá de la anécdota, creo que contamos con alguna conexión interna que se puede comunicar y esto es posible porque en todos nosotros está esa fuente insondable de Lo Profundo de la que tenemos que beber sus aguas.» (14 de enero de 2008, Carta de David y Negro)

Finalmente, no se trata de ir a buscar esa fuente, sino de dejar que el Padre o Guía nos la acerque, definiendo así el lugar y la cualidad con la que se realiza el acto.

Asimismo, queda clara la necesidad de Futuro: este no es un trayecto fijo ni un destino lineal, sino un abanico de posibilidades, como ramas que se van abriendo con sus hojas y sus flores, expandiéndose siempre.

De dirigentes a representantes

lunes, 25 de mayo de 2026

Cada momento histórico-social instala en la conciencia de las personas ciertas creencias que se imponen a la percepción, incluso cuando la realidad muestra lo contrario. Lleva su proceso que aquello que se ve configure una nueva creencia. Muchas veces usamos el ejemplo medieval de la creencia de que "nada más pesado que el aire puede volar", afirmada por alguien que, en ese mismo instante, debía esquivar el vuelo rasante de un pájaro.


En la actualidad, parece imponerse la creencia de que los poderosos son invencibles o que la gente común nada puede hacer. Esto ocurre aun cuando se verifica reiteradamente, y en diferentes escalas, que la gente unida consigue logros reales.

Los autoproclamados dirigentes debieran asumir que ya no conducen. El eje de transmisión está roto: ellos giran para un lado y las ruedas de la sociedad siguen otro curso. Se basan en supuestos que la realidad desmiente, pero no logran captarlo. Por ejemplo, en Argentina, el año pasado daban por sentado que el electorado repudiaría con su voto el apoyo de ciertos intereses externos, y quedaron en shock cuando esa intromisión produjo el efecto exactamente inverso. Ese shock demostró que su paisaje mental es viejo: pretenden leer la realidad con un manual de hace veinte años, sin entender que la base social mutó.

Estos cambios en los "códigos" de la base social son dinámicos. Además, se van sumando nuevas generaciones con otros paisajes culturales que las encuestas no logran registrar. No alcanza con medir; hay que bajar a escuchar a los ciudadanos y llenarse del sentir de las personas comunes para captar esos nuevos códigos. Se trata de escuchar para unir y no para dividir, de oír para aglutinar, bajando al llano para mostrar un interés legítimo por la gente. Solo así se puede intentar, realmente, representarlos.

El estallido invisible

lunes, 18 de mayo de 2026

Hoy parece imponerse una tendencia irracional en la política y sus derivados. Las instituciones que se suponían racionales han quedado en manos de irracionales. Esta peligrosa deriva debería producir estallidos psicosociales; es decir, sincronizaciones más o menos masivas que intenten poner freno, reclamen o denuncien lo que claramente afecta a las mayorías.

En este sentido, no se puede prever ni ponderar la importancia del detonante. Puede ser un hecho menor y, sin embargo, concitar una resonancia masiva: una chispa. No entran en este análisis las marchas o concentraciones que responden a una organización previa; nos referimos a manifestaciones espontáneas, más allá de que existan cajas de resonancia que operen sobre el fenómeno pero no lo provoquen.

En este contexto, cabe hacerse algunas preguntas: ¿Podrá ser que la sincronización esté ocurriendo, pero manifestándose de forma masiva a nivel individual? ¿Y si una gran parte de la población está sintonizada en una misma imagen que no se expresa en la plaza pública? ¿Y si la falta de esperanza y futuro se está viviendo de manera aislada, canalizándose en epidemias de depresión, neurosis, tristeza, aislamiento y suicidio sin nada que concite una expresión externa?

Sin embargo, esa misma sintonía silenciosa y subterránea es también un acumulador de energía. El desafío ético y humano es construir los puentes necesarios para que ese padecimiento aislado se reconozca en el otro, transformando ese sufrimiento en una convergencia constructiva y con sentido.

Creer que no está pasando nada en las multitudes porque no hay una manifestación visible es como creer que las estrellas no están ahí solo porque la noche está nublada.

El arco temporal en tiempos de crisis

lunes, 27 de abril de 2026

Esta es una breve reflexión que cobró forma de “hipótesis” sobre la relación entre memoria, imaginación y la crisis actual. También un rescate de propuestas sobre cómo romper el aparente circuito cerrado de la cotidianidad para abrir, nuevamente, algún tipo de horizonte futuro.
 
Sin memoria, la imaginación pareciera afectarse. El futuro tiene que ver con la imaginación, y esta con recombinaciones y transformaciones de los datos que entrega la memoria. Este elemental esquema es afectado por el presente y las exigencias que este introduzca; así, para quienes cada día tienen que salir a buscar su sustento, la amplitud temporal de memoria e imaginación se estrecha. Por el contrario, para los que tienen resuelto suficientemente el presente, el arco temporal hacia otros y hacia adelante se amplía. Ahora bien, cuando en épocas como esta muchas personas, ante los cambios y su velocidad, pierden confianza en su memoria (*) por la conciencia de su inactualidad, el tema del futuro se oscurece o se cierra.
 
En síntesis, las “condiciones del pensar” —o más sencillamente la reflexión— hoy están muy afectadas; todo empuja para no hacerlo. El futuro se cierra, aunque se trata de una traducción mecánica de una forma mental agotada que, efectivamente, no tiene futuro. Se navega en las tumultuosas aguas del presente con datos en memoria (paisaje de formación) que cada vez más el presente niega; por lo tanto, la imaginación se acorta o queda estéril.
 
Este aparente circuito cerrado no es tal. Por un lado, existe la posibilidad de elegir una dirección vital que no dependa de las vicisitudes cotidianas y que se desarrolle en medio de ellas. Por ejemplo: una dirección que lleve a no aislarse, a buscar la coherencia, a ayudar al medio inmediato, a favorecer a los demás y a la búsqueda de una satisfacción creciente.
 
Además, el hecho de ponerse en situaciones que favorezcan a la “conciencia inspirada” permite que aparezcan señales de mayor profundidad que, obviamente, no provienen de la cotidianidad, aunque sí puedan traducirse en ella.




(*) Nota: Es observable hoy una revitalización de antiguas recetas (médicas, alimenticias, materiales, etc.) que se presentan como una memoria inmune al desgaste del presente -que además se pueden idealizar- ofreciendo una posible estabilidad que la conciencia contemporánea parece haber perdido.


El Umbral del Mito (1) -Otros apuntes para el Manifiesto de los 1000 Grados-

viernes, 3 de abril de 2026

Los ciclos históricos son interpretables, de hecho se habla de esto con diferentes métodos de estudio. Aun considerando estas diferencias hay algunas coincidencias en las características del momento presente. Por nuestra parte consideramos la actualidad, desde este punto de vista, como momento de desilusión, con características prerreligiosas y religiosas. Esta aparente vaguedad de tres diferentes caracterizaciones simultáneas se explica por las transiciones que no son homogéneas y una le va dejando lugar a otra sin desaparecer completamente en la nueva característica.

Importa aquí darle ciertos matices al momento más allá del método en que se crea. Básicamente el mundo antiguo cae en el interior de las personas, lo nuevo no aparece y si lo hace no es suficiente para abrir el futuro, así se comienzan a buscar respuestas de otro tipo, más esenciales, más “reales”. Se intuye que los proyectos de vida anteriores no son posibles, entonces ¿qué hacer? ¿Dónde está el futuro inspirador, abierto, entusiasmante?

Todo este combo, ademas de perturbación, genera una situación mental que se ha calificado como “mítica”, es decir que parece necesario ese nivel de planteo para dar respuesta a esta crisis histórica planetaria. ¿Qué pasaría si, para capturar la verdadera fuerza del mito, tuviéramos que descender hasta la conciencia más primitiva? Esa zona que se abre, por ejemplo, ante la hipnosis del fuego. Quizás no se deba abordar el mito como una construcción racional, cuando lo que necesitamos es insertarlo en esas capas profundas (“viscerales”) donde residen nuestras mayores necesidades y un gran potencial.

La materia es colaborativa con el proceso de la vida, hay que conocer su frecuencia, resonar con ella y también saber que tiene limites de resistencia, pero si estos parámetros están enmarcados su entrega es clara. El fuego es algo especial, la tierra, el agua y el viento estaban ahí, sin embargo el fuego llegó ocasionalmente y fue necesario aprender a conservarlo y más tarde a producirlo. El fuego ayudo al salto de cualidad y así con la tierra, el viento y el agua se hicieron nuevas cosas.

No es casual nuestra relación con el barro y el fuego; ellos son la columna vertebral del progreso material y el contexto donde germinaron los primeros mitos. De hecho, la historia de los pueblos muestra cómo el mito evoluciona a la par del desarrollo de la materia. Pero, ¿y si las capas de la conciencia no fueran compartimentos estancos? ¿y si esa conciencia primitiva, que parece relegada al fondo, no fuera ajena al presente o al futuro? Tal vez el desafío sea integrar las distintas capas para que trabajen en estructura, orientando todo ese caudal energético en una sola dirección, con una amorosa emoción y una clara intención.

Este párrafo de Silo en El Paisaje Interno da que pensar:
“Cuanto más fuertemente se hicieron las llamadas, desde más lejos acudieron estos guías que trajeron la mejor señal. Por ello supe que los guías más profundos son los más poderosos. Sin embargo, solamente una gran necesidad puede despertarlos de su letargo milenario.”

Podemos acceder a la historia a través de los textos, pero queda la pregunta fundamental: ¿cómo conectar con esa capa de la conciencia de forma experiencial? Quizás la respuesta no esté en el "cómo", sino en profundizar la conciencia de la necesidad, ese grito interno que es el único capaz de despertar a los guías más profundos.

(1) La idea de Umbral está en que precisamente hay un espacio entre lo que cae y lo que aún no nace. Hay otro umbral que es la puerta de entrada a esa capa más profunda de los Guías más poderosos y por último hay que cruzar un límite, pasando de la "perturbación" mental a la "conciencia de la necesidad".

Apuntes para un manifiesto de los 1000 grados

sábado, 28 de marzo de 2026

(¿Habrá un Umbral Térmico de la Conciencia?)

Existe una máxima que se repite como si fuera una verdad absoluta y que ha contaminado la cotidianeidad: "No se puede gastar más de lo que entra". Es una verdad matemática para mercaderes, pero puede ser un error de percepción cuando se traslada al campo de la vida.

En la economía de los objetos, si se quitan 100, quedan 100 menos. Pero en la dinámica de lo viviente, la lógica es otra: gastar energía suele ser la única forma de generar más o mejor energía. El criterio de la "prudencia financiera" aplicado a la existencia conduce a una vida a media máquina. El ahorro aquí no funciona como virtud, sino como estancamiento; se asume al ser humano como un recipiente pasivo, cuando su esencia es la de un transformador.

Cualquiera que haya templado un horno sabe que existe un límite para la lógica lineal. Hasta los 600°C, quizás alcance con "meter más leña", con el esfuerzo de agregar combustible. Pero para llegar a los 1000°C —esa temperatura donde el metal finalmente se rinde y la forma puede cambiar— la lógica de "más de lo mismo" se agota.

Se observa una suerte de parálisis en esta meseta. Se intenta administrar el tiempo, recortar horas de sueño o sacrificar el descanso, pero la temperatura interna no sube. Se puede confundir el gasto de energía con la dispersión de la misma sin dirección. La atención no se puede "comprar" mediante el recorte; es como pretender quitarle el agua a las flores de al lado para que esta raíz crezca. Cuando no hay un interés claro que convoque la fuerza, cualquier intento de ahorro solo marchita el jardín.

En la realidad de los procesos, los cambios no son sumas, son saltos de cualidad. El agua a 99°C sigue siendo solo agua muy caliente; es el grado 100 el que rompe la estructura y genera la potencia para mover motores.

Esta energía para el salto no se acumula en un depósito. Se comprueba que cuando una imagen o un propósito son lo suficientemente potentes, la energía que antes estaba dispersa se organiza por sí sola. El "divague" no se elimina por decreto o por ahorro; cae por su propio peso cuando aparece una dirección de mayor magnitud. El metal no se ablanda por insistencia, sino por alcanzar el umbral térmico necesario.

Tradicionalmente, la memoria no era solo un archivo de datos (lo que "ya no existe"), sino una función que permitía proyectar. Al acelerarse tanto los cambios sociales y tecnológicos, los recuerdos de hace una década parecen arqueología. Esa desconexión genera una sensación de orfandad: se puede sentir que no tenemos "suelo" donde pararnos y quizás dar ese salto de cualidad al que se aspira.

Si lo que guardamos en la memoria —nuestros valores, nuestras formas de relacionarnos, nuestras certezas— ya no "encaja" con la realidad externa, se produce una crisis. La memoria deja de ser un refugio de sabiduría para convertirse en un recordatorio de lo que perdimos o de lo que ya no funciona. Esto refuerza la tendencia a "economizar" la energía: si no confío en lo que sé y no veo hacia dónde voy, la mejor respuesta parece el repliegue.

Hay una idea muy fuerte que sugiere que la imaginación es, en realidad, memoria transformada y volcada al futuro. Si la memoria está herida o se siente inútil, la imaginación se apaga. Para recuperar esa "tensión hacia lo alto", quizás el trabajo no sea intentar aplicar lo viejo a lo nuevo, sino rescatar de la memoria no los objetos, sino los significados y las experiencias significativas.

El desafío es pasar de una "memoria de datos" a una memoria de propósitos. No importa que el mundo de ayer no exista; lo que importa es rescatar la fuerza y la dirección que nos impactó en ese tiempo para aplicarla a la construcción de un nuevo horizonte.

La vida no funciona como un balance contable ni como un depósito que debe cuidarse para que no quede vacío. Es, esencialmente, un proceso de irradiación. La verdadera economía vital no consiste en preguntarse "¿qué recorto?" o "¿cómo ahorro un poco más?". La observación de los hechos muestra que la eficacia depende de una sola dirección: ¿hacia dónde se lanza la intención? Porque, al final, lo que define el resultado no es cuánto se logró conservar, sino a qué fuego se decidió aplicar la vida para que el metal, finalmente, se vuelva maleable y la forma cambie.

En síntesis: se pueden hacer muchas pruebas, pero siempre estará ahí el límite de los 600 grados; ahí cambia la lógica y hay que concentrar la energía de la manera que cada uno pueda. Hay distintas maneras de romper el umbral, pero todas ellas tienen un punto en común: el salto se inicia adentro del operador.

Así como en la propia memoria hay recuerdos con experiencias muy significativas, también las hay en la memoria de la humanidad. Quizás por eso se nos impulsó a meternos con el barro, el fuego y los hornos: para rescatar experiencias esenciales del pasado humano y transformarlas en futuro.

Hoy, en un adminículo de pocos centímetros, están la yesca, el combustible y el fuego; sin embargo, esta facilidad de nuestro tiempo nos aleja de las experiencias fundamentales. No se trata de una reivindicación romántica del pasado, sino de ir allí a buscar lo esencial para hacerlo futuro.

EL NACIMIENTO DE UN NUEVO MITO

domingo, 15 de marzo de 2026

Debo hacer una breve introducción, simplemente para que se entienda desde dónde escribo estas líneas. No se trata de un episodio afiebrado de fanatismo ni tiene el germen especulativo del publicista. Tampoco el de llegar a los grandes medios que hoy son un "Rey Midas al revés". Se trata, sencillamente, de compartir un testimonio a través de estas palabras.

A lo largo de mi vida fui encontrando personas admirables que coincidían con las expectativas que había acuñado desde niño. También encontré algunas sorpresas. Esos modelos destacaban en distintos quehaceres: eximios deportistas, humoristas sin par, reparadores de casi cualquier cosa, intelectuales con un inmenso vocabulario, personas afectuosas, gente de paz y trato afable. Podría seguir citando miles de virtudes de hombres y mujeres que fui descubriendo en la medida en que me abría al mundo.

Cuando oí hablar de Silo a los 18 años, conformé una imagen de lo que podría ser. Una representación armada por ideas previas; un ensayo que luego podría confirmar o reajustar. Sin embargo, cuando lo conocí personalmente poco tiempo después, no coincidía con nada de lo imaginado. Fue la irrupción de algo totalmente nuevo que rompió mis esquemas. No se trataba de una inteligencia acumulativa al modo de un científico, ni de la pose de un gurú, ni de un analista de temas. Su lucidez no era un despliegue de datos, sino una manera de estar en el mundo, una irradiación que me dejó en un estado de “recalculando” absoluto; simplemente, se me acabaron los casilleros.

Poco a poco, me di cuenta de que él inauguraba una nueva categoría de persona. Si bien reunía inteligencia, mística y visión, todo estaba integrado en un solo ser y fluía con una naturalidad admirable. Ese fue el primer acto que me permitió elastizar mis concepciones y abrirme a nuevas posibilidades: Silo lo mostraba en carne y hueso y sin actuaciones. En él se borraban los límites entre el pensamiento teórico y la acción sentida; era una unidad.

La experiencia de conocerlo no solo cambió el significado de mi pasado, sino que me dio esperanzas de un futuro alegre. Una nueva categoría de ser humano coherente que inspiraba una conducta en el mismo sentido.

Hace años que Silo dejó este espacio que compartimos y, paulatinamente, su presencia fue cambiando de ubicación en mi interior. Dejó de ser un dato relevante de la realidad exterior para transformarse en una experiencia de la interioridad: un Guía espiritual que puede estar en cada uno en cualquier momento. Esta conexión no requiere de intermediarios; solo hace falta tener conciencia y asumir la necesidad de protección, inspiración y dirección en la vida.

En algún momento nos dedicamos a leer los Mitos Raíces. De esos tiempos me quedó una sana envidia de los que vivieron bajo ese paraguas protector, donde había respuestas para las cosas más esenciales. Ese sentimiento surgía ante la conciencia de que, en aquel entonces, yo me sentía a la intemperie, desprovisto de un claro sentido que abrazara mi existencia.

Hoy siento que ese paraguas que antes envidiaba ha comenzado a abrirse sobre nosotros. Silo, como portador de ese Mensaje de lo Profundo, deja de ser un recuerdo histórico para convertirse en la sustancia de un nuevo mito. Más que un seguidor, hoy siento que su enseñanza vive en mí como una dirección que trae claridad. El mito no es una leyenda del pasado, es esta experiencia de interioridad que hoy late en muchos y que nos permite caminar con la certeza de que no estamos solos.

Sobre la última charla de Enrique Nassar con Silo

martes, 10 de febrero de 2026

Antes de entrar en tema, me parece útil aclarar este punto:

Se refiere a que esta charla circuló originalmente en audio a finales de noviembre de 2025. Existen al menos dos versiones en texto que omiten los últimos minutos de la grabación, los cuales carecen de interés. El primer texto que recibí contenía muchos errores en relación con el audio; luego recibí otro que repara los defectos del primero. Esta última es la transcripción realizada por José Gabriel Férez el 09/12/2025.

Entrando en tema, ante el interés de Enrique, que plantea “cómo prepararse para la muerte”, Silo da como respuesta una enseñanza sobre el proceso histórico, amplia y útil para todos. El interés del presente texto es realizar un esquema que sintetice estas explicaciones y extraer una fórmula práctica para la vida.

La charla comienza con una amplitud máxima, describiendo la vida natural, la memoria genética y la vida humana con su capacidad de aprendizaje. Es en lo humano —que habita un cuerpo animal— donde aparece una potencialidad única: la capacidad de transformar las imágenes representadas. Así, en el ser humano conviven las características del cuerpo animal con la capacidad de representar en el espacio y en el tiempo.

De esta manera, el ser humano se encuentra atendiendo siempre a tres situaciones inestables y cambiantes:

-Su relación con el medio natural.

-Su relación con el medio social.

-El propio registro de cómo está y cómo se desarrolla en estas indisolubles situaciones.

Durante los primeros tiempos, la conciencia mítica permitió armonizar estos aspectos. Hubo etapas en las distintas culturas donde se alcanzaron "momentos humanistas" que permitían coherencia entre estas situaciones, siempre en el contexto de cada época y lugar.

En estos tiempos de mundialización y de viejos mitos agotados, es necesario el surgimiento de un nuevo mito mundial que resuelva las crecientes contradicciones entre estos tres elementos.

Luego se desarrolla un esquema (¿de doce años?) para dotarnos de elementos de Trabajo Interno que permitan lograr coherencia y dirección. Las prácticas se ubican en una secuencia que culmina en la Ascesis:

Retiro de la Fuerza: Para detectar los impedimentos que bloquean el acceso a la experiencia o a la libre circulación de la Energía.

Autoliberación: Para lograr los mejoramientos conductuales necesarios disolviendo tensiones y climas, vinculándolos con los impedimentos descubiertos antes.

Disciplinas: Para desarrollar un trabajo que permita acercarse a nuevos registros y activar nuevos lugares del espacio de representación.

Ascesis: Para profundizar y consolidar una nueva dirección mental.

Como dice en la charla: “...lo que incorporas es una dirección mental entre tus movimientos internos y tu acción en el mundo; será esta dirección la que opera y te lleva más allá de la muerte”.

Consecuencias prácticas
He sintetizado cuatro conclusiones:

-Estructura dinámica: Los tres elementos de la realidad no son estáticos. Haber practicado los trabajos nos da acceso a una "biblioteca" de recursos a los que debemos apelar cuando surgen desajustes o contradicciones en nuestra actualidad.

-Lo Profundo: La intervención de ese nivel y las buenas traducciones es lo que permite humanizar la tierra y proyectar nuevas ideas, acciones y emociones.

-Proceso: Esto requiere reflexiones, intentos, evaluaciones, ajustes e intercambios.

-El buen vivir: Lo pendiente es un impedimento. Es en el buen vivir (coherencia) donde se consolida la dirección trascendente.

Finalmente, preparé un esquema para las anotaciones personales, para el seguimiento de estos temas:

a) Análisis de situación: Revisar temas pendientes e impedimentos para resolverlos, encararlos o soltarlos (empezando por lo pequeño que se acumula).
b) Autoliberación: Observar insatisfacciones, irritaciones o climas que indiquen la necesidad de un cambio de dirección mental.
c) Señales de lo Profundo: Atender a sueños, ocurrencias y comprensiones que lleguen desde nuevos lugares del espacio de representación.

Repensarlo todo: El fin de las banderas del pasado

jueves, 8 de enero de 2026

No estamos ante una crisis pasajera, sino ante la disolución de un orden que no responde a lo humano. ¿Es posible detener el avance de los "fuertes" usando las mismas banderas que ya fallaron? Las siguientes líneas exploran la urgencia de dar vuelta la página y la necesidad de rediseñar nuestro futuro.

Los recientes acontecimientos en América Latina, además de ser absolutamente repudiables, desnudan una realidad propia de este primer cuarto del siglo XXI. La violencia es condenable en todos sus bandos; no existe una aceptable y otra que no lo sea. Este es un principio de la ética humanista que aspiramos regule el futuro. Sin embargo, nos encontramos en un escenario distinto: uno de disolución, donde impera la ley del más fuerte y la primacía del dinero y el poder por encima de lo humano.

Apuntes para un diagnóstico de una crisis estructural:

- El predominio del capital: El dinero se ha consolidado como el eje y valor absoluto de la estructura social.

- El agotamiento de los sistemas: Tanto las democracias formales como los modelos socialistas han fallado en sus promesas fundamentales.

- La deuda social persistente: Millones de seres humanos no han logrado una calidad de vida digna, aun bajo Estados protectores.

- Colapso ambiental y urbano: El modelo de la vieja Revolución Industrial continúa deteriorando el ambiente, volviendo inviables a las grandes ciudades.

- Instituciones vaciadas: La justicia internacional y organismos como las Naciones Unidas han perdido su contenido o han quedado subordinados al poder económico.

- Crisis de representación: Las organizaciones sindicales, los Estados nacionales y los representantes del pueblo han perdido su eficacia y legitimidad.

- El avance de los "fuertes": Su avance no responde solo a una "locura" individual, sino a una posibilidad real: pueden hacerlo porque las estructuras mencionadas han fracasado.

Por lo tanto, y en respeto a la brevedad que demandan estos tiempos, este avance representa un paso evolutivo en el sentido de que confirma la caída de un "orden" y nos obliga a dar vuelta la página. Estamos ante la necesidad urgente de repensarlo todo.

No será levantando las banderas de la justicia internacional, los derechos humanos o la intervención de la ONU como esto se detendrá; es justamente porque esas estructuras fueron degradadas que hoy el poder avanza sin miramientos. No se puede reivindicar un pasado que, ni siquiera en su esplendor, fue suficiente para resolver los desafíos del futuro.

Finalmente: El nuevo orden mundial se está escribiendo hoy, y no lo están redactando los ideales, sino los hechos. Si nos limitamos a la nostalgia de viejas instituciones que ya demostraron su insuficiencia, quedaremos desadaptados. La tarea no es restaurar lo que se rompió, sino tener la audacia de rescatar lo útil para infiltrar una nueva ética en el diseño de lo que viene. El futuro no se recupera, se crea.

El Fracaso, el Portal y la Renovación

jueves, 28 de agosto de 2025

No se pretende exagerar ni universalizar, pero se advierte un silencioso pesimismo. Lo expresan o insinúan personas con una cierta sensibilidad, quienes señalan, de buena fe, que se necesita algo de "humanismo". No discutiremos aquí a qué tipo de humanismo se refieren, pues hay distintos e incluso un Nuevo Humanismo que propone temas que merecen una exploración más profunda. De todas maneras, es crucial destacar esta advertencia que muestra cómo el mundo se ha vestido de crueldad, violencia y anti-humanismo.

Se percibe un pesimismo creciente y radical en algunos intelectuales de izquierda y progresistas. El avance global del autoritarismo parece dejar a este "campo progresista" en una derrota que no es coyuntural. Por el contrario, la analizan como la pérdida no de una batalla, sino de la disputa histórica con esa visión egoísta del mundo.

Esta suerte de "fin del mundo" es el reflejo de que las aspiraciones no se han cumplido y, además, de que la crueldad parece triunfar.

Los ejes de este pesimismo son claros. Por un lado, élites globales y locales que acumulan y compran todo y no parecen motivadas a mejorar la vida de la humanidad. Por otro, una capacidad destructiva global (nuclear, bacteriológica, etc.) que está en manos de esas mismas élites. A esto se suma el avance creciente en la manipulación de la subjetividad de las personas, utilizando los avances tecnológicos, así como el auge de gobiernos con insensibilidad social apoyados por mayorías. Y finalmente, la conciencia de la caída definitiva de los "dioses externos" y la soledad universal.

Puede ser que este catastrofismo sea una señal de que algo ha terminado, y que el camino a seguir implica aceptar y reconocer el fracaso de ciertas creencias —como la democracia formal— y de ciertos valores e ideologías. Hay cosas que van cambiando y es necesario reconocerlo; no podemos confundir las "cáscaras" con lo esencial. Si los otros importan, hay que reflexionar sobre cómo ayudarlos, en lugar de creer que las recetas de siempre tienen la respuesta. Quizás la expectativa no tiene mesura, quizás la acción no es oportuna. Se pueden revisar las expectativas y las acciones.

Tal vez todavía no se pueda vislumbrar los aspectos positivos que trae el cambio, ni la importancia de la dirección que podemos asumir, impulsar o elegir.

Se abrió un portal histórico gigante, nunca antes fuimos tantos distribuidos y conectados en todo el planeta. Esta gran puerta tiene el poco atractivo nombre de "Fracaso". Es el profundo deseo de renovación tal vez lo que impulse a pasar por ahí. La otra opción es quedarse en la frustración, confundiendo nombres y palabras con lo más importante: aquella buena esperanza a la que no hay que renunciar.

Si todo esto ciertamente se relaciona con el presente, solo queda una pregunta fundamental:

¿Qué se debe dejar atrás para atravesar ese portal del fracaso y la renovación?

Acerca de una frase

domingo, 27 de julio de 2025

Con el interés de profundizar en la siguiente frase que figura en la ficción El día del león alado, de Silo: “los símbolos encarnados de la época…”. Encontré diferentes acepciones de la palabra “símbolo”, creo que esta se ajusta. Real Academia Española: Elemento u objeto material que, por convención o asociación, se considera representativo de una entidad, de una idea, de una cierta condición, etc. (Bandera símbolo de la patria, paloma símbolo de la paz). En el libro “Autoliberación” y en el contexto de los trabajos de Operativa se dice: imagen de carácter fijo que surge del canal abstractivo, desposeída de caracteres secundarios, reductiva. Que sintetiza o abstrae lo más esencial de todas las características presentes. Cuando el símbolo cumple con la función de codificar registros, le denominamos signo.

En este contexto comprendí como se da el cambio, decadencia y aparición de nuevos modelos cuando en las sociedades van cambiando las ideas y por lo tanto quienes las encarnan.

Aquí, me tome la libertad de intentar captar lo que representa el siguiente personaje.

Símbolos Encarnados en Tenetor III

Tenetor III es el símbolo de un líder que no solo dirige, sino que también experimenta y se arriesga personalmente. Al ser el primer sujeto en explorar la nueva tecnología, simboliza la valentía, la exploración y el compromiso con la innovación desde la propia experiencia, a diferencia de líderes que solo dirigen a distancia.

Su rol de coordinar a distintos especialistas y persuadirlos a poner sus virtudes al servicio del proyecto lo convierte en un símbolo de la colaboración entre inteligencias. Reconoce y valora el conocimiento ajeno (saben sobre particularidades que él no), lo que simboliza la ubicación y la prioridad puesta en alcanzar un objetivo común.

La decisión de no compartir su experiencia hasta que cada miembro del equipo haya tenido la propia es un símbolo de confianza en el equipo y de la importancia del aprendizaje a partir de la experiencia individual y conjunta. En lugar de imponer su visión y sacar algún beneficio personal, fomenta que cada quien descubra y aprenda, promoviendo luego un intercambio de experiencias para la toma de decisiones. Esto simboliza un modelo de liderazgo que da participación y que busca el crecimiento horizontal.

En síntesis, Tenetor III representa un modelo de liderazgo que prioriza la experimentación personal, la colaboración de inteligencias y el fortalecimiento del equipo como pilares fundamentales para el avance del proyecto.

Oda a la rebelión

lunes, 21 de julio de 2025

¿Chispa divina?¿Qué susurra en los oídos?

Fuego enjaulado buscando su rumbo,

Torrente invencible que siembra intentos,

Destello abrasador en la oscuridad,

Bastón en las sendas difíciles,

Raíz que rompe el asfalto,

Germen de la revolución,

Compañera en la soledad,

Voz que quiebra el miedo,

Abridora de futuros negados,

Amiga de todos, de cada corazón,

Ojalá nunca deje de mirar hacia vos,

Sin tu luz la noche es amenazante,

Sin tu aroma hay decrepitud,

Faro eterno, que ilumina el alba.

Desubicados

jueves, 3 de julio de 2025

Existe un inquietante desajuste en estos tiempos. La realidad parece desubicada con respecto a nosotros, y nosotros mismos nos sentimos desubicados ante ella. A pesar del incesante flujo de información global, una sensación de impotencia nos embarga. Observamos a diario a personas perturbadas, abandonadas a su suerte, y la posibilidad de intervenir activamente parece ínfima. Las circunstancias apuntan inexorablemente hacia un deterioro mayor. Anhelamos traer al presente los recuerdos de buenos momentos, pero nos confrontamos con la innegable verdad: el tiempo ha dado vuelta la página y aquel mundo ya no corresponde al presente.

Es precisamente en este contexto que retomo estos 12 puntos clave para la reflexión y la adaptación, extraídos de la valiosa obra de Silo que transmitió en su libro CARTAS A MIS AMIGOS. TERCERA CARTA A MIS AMIGOS, SILO, 1991.

1. Hay un cambio veloz en el mundo, motorizado por la revolución tecnológica, que está chocando con las estructuras establecidas y con la formación y los hábitos de vida de las sociedades y los individuos.

2. Este desfasaje genera crisis progresivas en todos los campos y no hay por qué suponer que va a detenerse sino, inversamente, tenderá a incrementarse.

3. Lo inesperado de los acontecimientos impide prever qué dirección tomarán los hechos, las personas que nos rodean y, en definitiva, nuestra propia vida.

4. Muchas de las cosas que pensábamos y creíamos ya no nos sirven. Tampoco están a la vista soluciones que provengan de una sociedad, unas instituciones y unos individuos que padecen el mismo mal.

5. Si decidimos trabajar para hacer frente a estos problemas tendremos que dar dirección a nuestra vida buscando coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos. Como no estamos aislados esa coherencia tendrá que llegar a la relación con otros, tratándolos del modo que queremos para nosotros. Estas dos propuestas no pueden ser cumplidas rigurosamente, pero constituyen la dirección que necesitamos sobre todo si las tomamos como referencias permanentes y profundizamos en ellas.

6. Vivimos en relación inmediata con otros y es en ese medio donde hemos de actuar para dar dirección favorable a nuestra situación. Esta no es una cuestión psicológica, una cuestión que pueda arreglarse en la cabeza aislada de los individuos, este es un tema relacionado con la situación en que se vive.

7. Siendo consecuentes con las propuestas que tratamos de llevar adelante, llegaremos a la conclusión que lo positivo para nosotros y nuestro medio inmediato debe ser ampliado a toda la sociedad. Junto a otros que coinciden en la misma dirección implementaremos los medios más adecuados para que una nueva solidaridad encuentre su rumbo. Por ello, aún actuando tan específicamente en nuestro medio inmediato, no perderemos de vista una situación global que afecta a todos los seres humanos y que requiere de nuestra ayuda así como nosotros necesitamos la ayuda de los demás.

8. Los cambios inesperados nos llevan a plantear seriamente la necesidad de direccionar nuestra vida.

9. La coherencia no empieza y termina en uno sino que está relacionada con un medio, con otras personas. La solidaridad es un aspecto de la coherencia personal.

10. La proporción en las acciones consiste en establecer prioridades de vida y operar en base a ellas evitando que se desequilibren.

11. La oportunidad del accionar tiene en cuenta retroceder ante una gran fuerza y avanzar con resolución cuando esta se debilita. Esta idea es importante a los efectos de producir cambios en la dirección de la vida si estamos sometidos a la contradicción. 

12. Es tan inconveniente la desadaptación en un medio sobre el que no podemos cambiar nada, como la adaptación decreciente en la que nos limitamos a aceptar las condiciones establecidas. La adaptación creciente consiste en el aumento de nuestra influencia en el medio y en dirección coherente.

Homenaje a Edgar Allan Poe: Una Nueva Perspectiva

viernes, 20 de junio de 2025

Este breve texto surge de una lectura compartida con amigos del relato "El caso Poe", incluido en el libro "El día del león alado" de Silo.

El relato de Silo nos impulsó a explorar diversos temas, y en esta ocasión, me sumergí en uno de ellos. Otros puntos igualmente fascinantes quedaron pendientes, como la noción de "la red temporal" y la precognición que Edgar Allan Poe plasmó en su novela "La narración de Arthur Gordon Pym". Sin duda, cualquier lector dedicado encontrará otros aspectos de interés.

Siempre atribuí la singular capacidad de Poe a sus interrupciones alcohólicas de la vigilia. Solía pensar que, en ese estado de embriaguez, captaba sucesos que luego, al recuperar la lucidez, plasmaba en sus escritos. Lo veía como inspiraciones surgidas de la irrupción de fuertes borracheras en su estado cotidiano.

Sin embargo, hoy me asalta una pregunta diferente: ¿Y si esas borracheras fueran, en realidad, su forma de evadir las representaciones de personas del futuro que necesitarían auxilio? En una época donde no existían opciones para alguien con tales capacidades, solo hay que imaginar por un instante vivir con la certeza de una escena de peligro mortal que está por suceder y no tener los medios para ayudar. Son imágenes que aparecen sin mediación y sin contar con interlocutores que ayuden a atenuar o comprender lo que está pasando.

Aquí no se trata de los temores propios de la imaginación que todos conocemos, sino de un fenómeno distinto.

¿Es posible que individuos con una gran sensibilidad, en diversos campos, no logren adaptarse a un sistema maquinal, estrecho y violento? Y que, en muchos casos, recurran a la embriaguez (en sus diversas formas) ante la ausencia de un apoyo genuino para canalizar sus capacidades. No podemos creer que solo existan dotados para el deporte o para hacer buenos negocios con los Estados.

Si esta hipótesis se verificara, el diseño de un nuevo mundo debería integrar este enfoque, priorizando la comprensión antes que la punición, el castigo o la discriminación de quienes parecen "inadaptados".

La Realidad

Salgo al patio. Es verano y el sol anuncia un día insoportable. La parra, esa maldita parra que da uvas que nadie come y solo ensucian el suelo, es tan molesta como la paloma que marca las baldosas con sus excrementos. Y, para colmo, van a nacer dos crías más. Parece que la mañana me anticipa otra jornada perturbadora.

Salgo al patio. Es verano y las sombras, huyendo del sol, dibujan formas grotescas en las nudosas ramas de la parra. Los racimos color sangre me advierten que atraerán insectos y otras plagas. La paloma me observa con una mirada inquisidora. Siento que el mundo que veo conspira contra mí. ¡Qué suerte la mía!

Salgo al patio. Es verano y el sol suave de la mañana acaricia la parra, que muestra racimos multicolores, anunciando su próxima madurez. Hay una empatía palpable entre la luz, el calor y la vida. La paloma, en su nido, indica que algo también está madurando bajo su cuerpo cálido. Me siento profundamente conmovido y hermanado con todo lo que me rodea. 

Luego de tres jornadas me pregunto: ¿Cuál es la realidad? ¿Qué organiza el mundo que veo? ¿O será que yo fuerzo al mundo para que me devuelva algo afín a lo que siento y pienso?

El tiempo subestimado

Mi amigo me contaba todas las pequeñas precauciones que tomaba desde que apoyaba la cabeza en la almohada, tratando de dormirse, hasta el día siguiente, cuando se levantaba y transitaba esos minutos hasta estar finalmente listo para emprender el día.

Comentaba que todo lo que pasaba en ese "tiempo" está subestimado y no se lo cuida lo suficiente. Ese sustrato matutino es, para él, el sostén de todo lo que sucederá en el día o lo que va a recibir los acontecimientos. Como él decía: "es la estantería que va a recibir los tarros".

Si bien esto no afectará la vida, solo ese día, y aunque uno salga "mal trazado" en algún momento eso se puede revertir... Sin embargo, sin teorizar mucho, lo que realmente tenemos es el día y lo que vivimos en él. Luego, eso se va convirtiendo en memoria e iluminando también la imaginación.

"¡Sí!", afirmó, "hay diversas perturbaciones que se pueden disolver o atenuar si el tránsito de ese tiempo (el sueño y el levantarse) se hace con cuidado".

Proyección en el tiempo

domingo, 8 de junio de 2025

Resulta admirable un tipo de proyección en el tiempo. Se observa en el presente y en la Historia cómo algunos grupos humanos extienden sus líneas más allá de la vida de sus integrantes coyunturales. Dejo aquí de lado sus intereses o dirección, abstrayendo solamente el concepto de extensión temporal.

Por supuesto, algo de esto, casi mecánico, se percibe en el sentimiento de los padres hacia sus hijos, un embrión de esta proyección. Sin embargo, me refiero a otro tipo de "herencia": ese matiz que perpetúa o permite a ciertas organizaciones superar crisis y perdurar por cientos o miles de años. No logro comprender del todo la psicología de este fenómeno y su diferencia con la de un "proyectador" común. Quizás por eso me atrae...

Se nos dijo, no hace mucho, que "lo nuestro" se había puesto en marcha para generar una cultura milenaria. Apenas nos acercamos a los sesenta mayos. Me pregunto si no será necesario abrir este tema dentro de los asuntos que hoy nos ocupan. O quizás deba esclarecerme, pues tal vez esto ya se está haciendo y no lo percibo.

En el presente, muchos temas nos conciernen, con fricciones, aciertos, avances e interrogantes. Diversas cuestiones son manejadas por las personas, los "protagonistas de momentos" dentro de un proceso mayor. Es evidente que las particularidades individuales se renovarán en esta dinámica debido al paso del tiempo, las etapas vitales y la evolución de la conciencia.

En esta dinámica de los procesos que conocemos, al menos parcialmente ¿Qué se proyecta realmente más allá del tiempo personal? Seguramente, las acciones, producciones y otros elementos que trascienden la existencia individual. Así como hoy manejamos muchas cosas cuyo origen se desconoce, pero que forman parte del proceso cultural de un pueblo. Parece que esto sucede incluso si sus creadores solo pensaban en responder a su entorno y a su tiempo.

Tal vez, junto a todo esto, hay algo más sutil e impersonal que acompaña como la sombra al cuerpo. Quizás, en medio de las disputas y acuerdos, aciertos y errores, preguntas y respuestas, existe una presencia constante y difícil de observar directamente, que conecta el tiempo en sus tres planos (pasado, presente y futuro).

Me refiero a las tendencias, entendidas como direcciones que van más allá de las anécdotas. Hay tendencias divergentes, otras muy coyunturales, algunas en disputa, detenidas o embrionarias, y también convergentes. Parece que nada apoya de manera absoluta a unas u otras, pues en los textos se pueden “encontrar” fundamentos para todas. Pareciera que la elección reside en los individuos, en el contexto de cada coyuntura.

Si esto es así, no es un asunto menor el intercambio y el esclarecimiento sobre el tema, para saber cuál tendencia elegir, darle una identidad a esa "intangible cosa" que acompaña el presente y apoyarla con decisión.

El Avance de lo NO racional: Un Cambio Global y la Búsqueda de la Luz

La época actual revela con evidencia abrumadora el avance de un irracionalismo desalmado. Lo observamos en las esferas económica y social, en el diálogo entre naciones, y en la justificación y perpetuación de conflictos bélicos. También se manifiesta en la relación entre partidos políticos, en los desproporcionados presupuestos nacionales, en el desequilibrio del mundo financiero y virtual, y en las crecientes deudas y déficits de los países. Incluso en la conducta de muchas personas en las ciudades, esta tendencia se hace visible.

Esto no parece ser una aparición repentina, sino el resultado de un largo proceso de acumulación de desaciertos y la postergación de asuntos esenciales, aunque también se produjeron aciertos. La realidad presente nos conmueve, pero al reflexionar sobre la trayectoria, no podíamos esperar un panorama muy diferente, por increíble que resulte la situación actual.

Más allá de la crudeza del momento, todo esto puede ser interpretado como una manifestación global de un cambio trascendental. Por ahora, esta transformación nos muestra su lado más desafiante, y es incierto cuánto tiempo durará y cómo impactará a las personas comunes.

El mundo actual parece haberse alejado de la razón, haciendo muy difícil su comprensión desde esa perspectiva. Cualquier intento nos deja con una sensación de incertidumbre y desazón, lo que podría conducir a un escepticismo extremo y a la pérdida de confianza en creencias y valores. ¡Esta dirección descendente no es el camino; ojalá podamos ir en la dirección opuesta!

Como nos fue revelado hace ya algún tiempo, existe una disputa fundamental entre la luz y la oscuridad. Para darle una dirección a esta crisis, es crucial buscar aquello que inspira a los poetas, los colores que conmueven a los pintores, los ambientes que sugieren melodías a los músicos o visiones a los científicos, los espacios que iluminan a los místicos. Lo sagrado que acompaña a las personas de a pie.

En última instancia: mensajes profundos que nos permitan vislumbrar un futuro posible donde, aparentemente, ya no lo hay.

Máquinas de trabajo y consumo

La dinámica actual pareciera empujarnos a convertirnos en estas "máquinas". Cada vez hay que trabajar más y consumir más. O al menos, trabajar más para mantener un cierto equilibrio de consumo que consideramos aceptable.

El consumo ya no se limita a vivienda, comida y vestido. Hay una multitud de objetos de consumo: tecnología, contenidos, noticias de todo tipo, juegos, viajes, nuevos alimentos y dietas, medicinas, actividades físicas, etc. También existe un consumo pasivo, que ocurre cuando fantaseamos con adquirir ciertos objetos o simplemente revisamos el bombardeo de "ofertas" que nos llegan por distintos medios. Es un consumo diferido o probable. Se nos exige una actitud básica de "consumistas".

Toda esta situación relacionada con el trabajo y el consumo es, fundamentalmente, "tiempo".

Esta realidad aumenta las distancias entre quienes no pueden trabajar ni consumir. Ya sean jóvenes o mayores, estas personas empiezan a ser vistas como "sospechosas" ante la "normalidad" establecida.

Existe un amplio sendero aceptable, lleno de matices; luego, dos laterales descuidados, olvidados y preferentemente silenciados.

Se podría hablar de todos los que impulsan y causan esta situación. Sin embargo, lo cierto es que está sucediendo. Los hilos que mueven estos acontecimientos están lejos del ciudadano común. Es más, teorizar sobre quiénes son los responsables puede llevar a divisiones y discusiones que, paradójicamente, podrían convertirse en otro objeto de consumo.

Toda esta dinámica cruel, que se alimenta con nuestro tiempo, va forzando un modo de estar en el mundo que podríamos definir como una "pérdida de la dimensión humana" (entendiendo "dimensión" como profundidad). Este modo de proceder de los poderosos, de forma concomitante, nos arrastra al mismo estado, aunque por razones diferentes.

Esta forma de presentar un concepto es concreta, se experimenta a través de un sistema de tensiones corporales, emociones y pensamientos que orbitan en nuestros cuerpos. Esto tiende a ser homogéneo con la dinámica "desalmada" del presente, incluso si es en oposición o resistencia a lo que percibimos.

Para ponerlo en imágenes metafóricas, se va levantando un frontón entre nuestras actividades cotidianas y nuestro mundo interno. Esto impide que el estímulo llegue a nuestro ser más profundo o que, desde allí, nos lleguen señales.

Claramente, el estilo de vida actual nos consume tiempo y bienestar. Pero, "bajarse" de esta dinámica puede tener consecuencias vitales, además de la pérdida de influencia y participación en el mundo. Puede ser una decisión personal, pero resulta insostenible cuando alguien es también responsable de otros.

Ante este panorama, ¿qué es realmente revolucionario? ¿Restaurar un pasado ideal que supuestamente existió? ¿O reacomodar las mismas piezas de otro modo?

Quizás se trate de rescatar o fortalecer los espacios de silencio, reflexión y contacto humano con nuestro entorno, incluso en el poco tiempo disponible. En definitiva, no debemos ceder nuestra dimensión humana, permitiendo que desde ese silencio y contacto surjan nuevas respuestas.

La soledad

Una punzante certeza de soledad eterna me despertó. Fue el reconocimiento de algo arcaico, que trasciende lo habitual y que generalmente no se suele reconocer ni enfrentar realmente. En mi reflexión, percibí que ese sentimiento acompaña a la humanidad desde tiempos remotos.

Desde esta perspectiva, el fuego y la agregación familiar y social actuaron como elementos que disiparon ese temor primigenio. Hoy en día, una infinidad de estímulos y propuestas colaboran en la postergación o distracción de ese temor que podría considerarse irracional. Sin embargo, es posible que siga latente allí, en capas más profundas que la cotidianidad, las banderas y los credos. Así como existen experiencias profundas y atemporales, quizás también persistan temores atemporales.

Por todo esto, la última frase del Camino del Mensaje de Silo: “No imagines que en tu muerte se eterniza la soledad”, me resultó reveladora. No solo aborda la soledad más superficial, el aislamiento social o del entorno, sino que, sobre todo, ofrece una respuesta a lo más esencial. El hecho de comenzar con un categórico “NO imagines” revela una tendencia humana a concebir la muerte en soledad. Quizás, más allá del lógico temor al dolor, parte del miedo a la muerte reside en la inevitable sensación de soledad de ese tránsito final.

Por otra parte, considero que una frase, por profunda que sea, no resuelve los temores arraigados ni tampoco consolida las grandes esperanzas por sí sola. Es necesario ir construyendo experiencias que coincidan con la dirección elegida; estas experiencias son las que realmente producen modificaciones en nuestra forma de estar y de ser en el mundo.

Personalmente, aspiro a disolver mis temores enfrentándolos con suavidad y apoyándome en las profundas respuestas que ofrece el Mensaje de Silo. La frase que aquí se incluye se complementa con otras dieciséis, además de formar parte de un apartado titulado “El Camino”, que alude a la elección cotidiana de la dirección de nuestro caminar.