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EL NACIMIENTO DE UN NUEVO MITO

domingo, 15 de marzo de 2026

Debo hacer una breve introducción, simplemente para que se entienda desde dónde escribo estas líneas. No se trata de un episodio afiebrado de fanatismo ni tiene el germen especulativo del publicista. Tampoco el de llegar a los grandes medios que hoy son un "Rey Midas al revés". Se trata, sencillamente, de compartir un testimonio a través de estas palabras.

A lo largo de mi vida fui encontrando personas admirables que coincidían con las expectativas que había acuñado desde niño. También encontré algunas sorpresas. Esos modelos destacaban en distintos quehaceres: eximios deportistas, humoristas sin par, reparadores de casi cualquier cosa, intelectuales con un inmenso vocabulario, personas afectuosas, gente de paz y trato afable. Podría seguir citando miles de virtudes de hombres y mujeres que fui descubriendo en la medida en que me abría al mundo.

Cuando oí hablar de Silo a los 18 años, conformé una imagen de lo que podría ser. Una representación armada por ideas previas; un ensayo que luego podría confirmar o reajustar. Sin embargo, cuando lo conocí personalmente poco tiempo después, no coincidía con nada de lo imaginado. Fue la irrupción de algo totalmente nuevo que rompió mis esquemas. No se trataba de una inteligencia acumulativa al modo de un científico, ni de la pose de un gurú, ni de un analista de temas. Su lucidez no era un despliegue de datos, sino una manera de estar en el mundo, una irradiación que me dejó en un estado de “recalculando” absoluto; simplemente, se me acabaron los casilleros.

Poco a poco, me di cuenta de que él inauguraba una nueva categoría de persona. Si bien reunía inteligencia, mística y visión, todo estaba integrado en un solo ser y fluía con una naturalidad admirable. Ese fue el primer acto que me permitió elastizar mis concepciones y abrirme a nuevas posibilidades: Silo lo mostraba en carne y hueso y sin actuaciones. En él se borraban los límites entre el pensamiento teórico y la acción sentida; era una unidad.

La experiencia de conocerlo no solo cambió el significado de mi pasado, sino que me dio esperanzas de un futuro alegre. Una nueva categoría de ser humano coherente que inspiraba una conducta en el mismo sentido.

Hace años que Silo dejó este espacio que compartimos y, paulatinamente, su presencia fue cambiando de ubicación en mi interior. Dejó de ser un dato relevante de la realidad exterior para transformarse en una experiencia de la interioridad: un Guía espiritual que puede estar en cada uno en cualquier momento. Esta conexión no requiere de intermediarios; solo hace falta tener conciencia y asumir la necesidad de protección, inspiración y dirección en la vida.

En algún momento nos dedicamos a leer los Mitos Raíces. De esos tiempos me quedó una sana envidia de los que vivieron bajo ese paraguas protector, donde había respuestas para las cosas más esenciales. Ese sentimiento surgía ante la conciencia de que, en aquel entonces, yo me sentía a la intemperie, desprovisto de un claro sentido que abrazara mi existencia.

Hoy siento que ese paraguas que antes envidiaba ha comenzado a abrirse sobre nosotros. Silo, como portador de ese Mensaje de lo Profundo, deja de ser un recuerdo histórico para convertirse en la sustancia de un nuevo mito. Más que un seguidor, hoy siento que su enseñanza vive en mí como una dirección que trae claridad. El mito no es una leyenda del pasado, es esta experiencia de interioridad que hoy late en muchos y que nos permite caminar con la certeza de que no estamos solos.

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