Hay veces en que algo cambia en uno y se abre alguna perspectiva que permite mirar algo como por primera vez. Algo así me sucedió con una frase del cuento «El día del León Alado» de Silo.Se trata de un canto a viva voz de uno de los personajes del cuento: Ténetor II, que es escuchado por su sucesor cuando entra al espacio virtual puro:
«Oh Padre, trae de lo recóndito las letras sagradas. ¡Acerca aquella fuente en la que siempre pude ver las ramas abiertas del futuro!»
Me pareció uno de los pedidos más esenciales que puede hacer un ser humano, pues da la proporción exacta de nuestra situación en esta vida, más allá de las necesidades coyunturales por las que uno va pasando.
Busqué el significado de «recóndito» y es uno de los sinónimos de «profundo». Las «letras sagradas» que luego aparecerán en el Libro que porta el Jinete abren a significados esenciales. En cuanto a la «fuente», ya se hizo referencia a ella en la carta a David:
«...Sin embargo, más allá de la anécdota, creo que contamos con alguna conexión interna que se puede comunicar y esto es posible porque en todos nosotros está esa fuente insondable de Lo Profundo de la que tenemos que beber sus aguas.» (14 de enero de 2008, Carta de David y Negro)
Finalmente, no se trata de ir a buscar esa fuente, sino de dejar que el Padre o Guía nos la acerque, definiendo así el lugar y la cualidad con la que se realiza el acto.
Asimismo, queda clara la necesidad de Futuro: este no es un trayecto fijo ni un destino lineal, sino un abanico de posibilidades, como ramas que se van abriendo con sus hojas y sus flores, expandiéndose siempre.
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