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La habitación de Pascal

viernes, 11 de septiembre de 2026

Hace más de tres siglos, en sus Pensamientos, Pascal (1) anotaba una conclusión rotunda: «Toda la desgracia de los hombres proviene de una sola cosa: no saber permanecer en reposo en una habitación».

Es allí donde introduce un concepto clave: el divertimento. Para Pascal, el ser humano no soporta estar a solas consigo mismo en silencio porque, en ese instante de quietud, aflora la conciencia de su finitud, su fragilidad y el sinsentido de su vida. Para evitar ese contacto con lo que viene de adentro, busca afanosamente mantenerse ocupado: el juego, la guerra, la ambición, las charlas vanas o la búsqueda de reconocimiento.

Aquí es donde desarrolla el concepto de vanidad como el combustible que estimula y sostiene el "ruido". Se busca que los demás piensen bien de uno y nos validen porque la propia mirada, en soledad, puede resultar perturbadora. El ser humano necesita el ruido del mundo para convencerse de que existe y vale; a veces, incluso, esta vanidad se expresa desde el propio sufrimiento.

Hoy resulta fácil y tentador culpar a las pantallas, los algoritmos o las redes sociales de la incomunicación. Sin embargo, a la luz de Pascal, la pantalla no es la causa, sino el síntoma de un antiguo hábito existencial: eludir el silencio.

El ser humano no huye de sí mismo porque tiene un teléfono en la mano; el teléfono está en su mano porque no encuentra una manera de estar en silencio en la habitación. Antes eran las barajas, la caza, los duelos de honor, los chismes de palacio o la vanidad de los títulos y de quienes servían a los nobles; hoy es el scroll, dotado de una gran eficiencia. El mecanismo es el mismo: poblar la conciencia de ruido externo para no escuchar el murmullo interno.

No se trata de medir si las pantallas son buenas o malas, sino de observar la incapacidad —por temor o por falta de herramientas— de visitar el propio mundo interno. Se busca el like o la afirmación ajena por la misma razón que los contemporáneos de Pascal buscaban estatus: para que la mirada externa confirme la existencia propia y distraiga de la muerte.

Se cree que existe una gran conexión digital con el mundo, pero en realidad prevalece un alejamiento de uno mismo y de los demás. La tecnología no es una prisión nueva: es solo el instrumento más sofisticado que sirve al ser humano para el viejo arte de la fuga.

Sin embargo, cabe preguntarse si esta dificultad no se apoya en un malentendido. Tal vez, cuando nos atrevemos a cruzar la barrera inicial del ruido y del vértigo —impulsados por alguna necesidad, por la invitación de otros o simplemente por el deseo de tomar contacto con nuestro interior—, descubrimos esa profunda certeza que nos recordaba Silo: en la búsqueda de nuestro mundo interno, “…nada malo puede ocurrir…” y “…en algún momento del día o de la noche…”


Anexo

(1) Blaise Pascal (1623–1662) obra póstuma Pensamientos (Pensées)

Párrafos completos

“Finalmente, amigos, yo quiero compartir con todos esta certeza profunda que dice: “lo Sagrado está en nosotros y nada malo puede ocurrir en esta búsqueda profunda de lo Innombrable”. Creo que algo muy bueno ocurrirá cuando los seres humanos encuentren el Sentido tantas veces perdido y tantas veces reencontrado en los recodos de la Historia.”

Palabras de Silo con motivo de la primera celebración anual del Mensaje de Silo, Punta de Vacas. 4 de mayo de 2004

“En algún momento del día o de la noche, aspira una bocanada de aire e imagina que llevas ese aire a tu corazón. Entonces, pide con fuerza por ti y por tus seres más queridos. Pide con fuerza para alejarte de todo aquello que te trae contradicción; pide porque tu vida tenga unidad. No destines mucho tiempo a esta breve oración, a este breve pedido, porque bastará con que interrumpas un instante lo que va sucediendo en tu vida para que en el contacto con tu interior se despejen tus sentimientos y tus ideas.”

Inauguración de la Sala de Sudamérica, Silo, La Reja. 7 de mayo de 2005

Cuando el tiempo y el espacio se alteran

lunes, 10 de agosto de 2026

En la cotidianeidad, la percepción está "acomodada" por las rutinas, los horarios, las distancias físicas conocidas y la urgencia de la supervivencia o la producción. Pero cuando el escenario exterior pierde su forma o se paraliza, la mirada no tiene más remedio que volverse hacia adentro o reconfigurar su relación con el mundo.

Este extracto de una charla de Silo me resultó sorprendente y me impulsó a profundizar. Sobre todo, a tratar de comprender a qué se refiere cuando afirma: «cuando se alteran los espacios y los tiempos históricos».

“Las Experiencias Guiadas y los Mitos abren un espacio de investigación interesante a quienes quieran profundizar. Los mitos nos presentan dioses y seres que solo tienen existencia en esos espacios internos. Cuando se alteran los espacios y los tiempos históricos, esas capas se rompen y vas a los espacios profundos.”
Tiempo, Espacio y lo Profundo, Recopilación de Charlas y Comentarios de Silo. Andrés K. Lo profundo (Santiago 08-09-02).

Inmediatamente recordé la Experiencia Guiada «La acción salvadora», donde las escenas se presentan con una gran alteración: «entre tanto, sigo sin comprender si amanece o cae la noche…». Luego recordé varias experiencias que presentan modificaciones similares (El niño, La repetición, El festival, El resentimiento).

Buscando ejemplos experimentados, la última Pandemia aparece como una situación compartida por millones de seres humanos. Funcionó como un verdadero quiebre histórico donde se alteró el espacio (los confinamientos) y el registro del tiempo: sin los marcadores habituales, las horas y los días se hicieron elásticos. Al caer las certezas del mundo externo, se resquebrajó la fijeza del paisaje cotidiano y la conciencia quedó expuesta a sus propios contenidos.

No es tarde para analizar esto, ya que, es evidente que algo cambió en la conciencia colectiva. Se abrieron nuevas búsquedas, necesidades y creencias. Por ejemplo, desde Silicon Valley, informáticos que hasta entonces operaban máquinas de ganar dinero advirtieron el alcance de sus herramientas y se dijeron: podemos influir y darle forma al mundo… Por otro lado, la empatía y el rechazo a la guerra desbordaron fronteras geográficas; creció la búsqueda de lo auténtico, lo natural y diversas formas de espiritualidad.

Aunque hayamos recuperado el espacio y el tiempo vulgares, algo de lo anterior se rompió para siempre. Se crearon nuevas condiciones que, como sucede a nivel individual, pueden orientarse hacia la luz de la integración o hacia la oscuridad de la violencia. La dirección que tome ese proceso dependerá, en última instancia, de la orientación de la intención humana: de si respondemos al vacío desde la búsqueda de sentido y unidad, o desde la desorientación y el temor.

Un pedido esencial

jueves, 6 de agosto de 2026

Hay veces en que algo cambia en uno y se abre alguna perspectiva que permite mirar algo como por primera vez. Algo así me sucedió con una frase del cuento «El día del León Alado» de Silo.

Se trata de un canto a viva voz de uno de los personajes del cuento: Ténetor II, que es escuchado por su sucesor cuando entra al espacio virtual puro:

«Oh Padre, trae de lo recóndito las letras sagradas. ¡Acerca aquella fuente en la que siempre pude ver las ramas abiertas del futuro!»

Me pareció uno de los pedidos más esenciales que puede hacer un ser humano, pues da la proporción exacta de nuestra situación en esta vida, más allá de las necesidades coyunturales por las que uno va pasando.

Busqué el significado de «recóndito» y es uno de los sinónimos de «profundo». Las «letras sagradas» que luego aparecerán en el Libro que porta el Jinete abren a significados esenciales. En cuanto a la «fuente», ya se hizo referencia a ella en la carta a David:

«...Sin embargo, más allá de la anécdota, creo que contamos con alguna conexión interna que se puede comunicar y esto es posible porque en todos nosotros está esa fuente insondable de Lo Profundo de la que tenemos que beber sus aguas.» (14 de enero de 2008, Carta de David y Negro)

Finalmente, no se trata de ir a buscar esa fuente, sino de dejar que el Padre o Guía nos la acerque, definiendo así el lugar y la cualidad con la que se realiza el acto.

Asimismo, queda clara la necesidad de Futuro: este no es un trayecto fijo ni un destino lineal, sino un abanico de posibilidades, como ramas que se van abriendo con sus hojas y sus flores, expandiéndose siempre.

De dirigentes a representantes

lunes, 25 de mayo de 2026

Cada momento histórico-social instala en la conciencia de las personas ciertas creencias que se imponen a la percepción, incluso cuando la realidad muestra lo contrario. Lleva su proceso que aquello que se ve configure una nueva creencia. Muchas veces usamos el ejemplo medieval de la creencia de que "nada más pesado que el aire puede volar", afirmada por alguien que, en ese mismo instante, debía esquivar el vuelo rasante de un pájaro.


En la actualidad, parece imponerse la creencia de que los poderosos son invencibles o que la gente común nada puede hacer. Esto ocurre aun cuando se verifica reiteradamente, y en diferentes escalas, que la gente unida consigue logros reales.

Los autoproclamados dirigentes debieran asumir que ya no conducen. El eje de transmisión está roto: ellos giran para un lado y las ruedas de la sociedad siguen otro curso. Se basan en supuestos que la realidad desmiente, pero no logran captarlo. Por ejemplo, en Argentina, el año pasado daban por sentado que el electorado repudiaría con su voto el apoyo de ciertos intereses externos, y quedaron en shock cuando esa intromisión produjo el efecto exactamente inverso. Ese shock demostró que su paisaje mental es viejo: pretenden leer la realidad con un manual de hace veinte años, sin entender que la base social mutó.

Estos cambios en los "códigos" de la base social son dinámicos. Además, se van sumando nuevas generaciones con otros paisajes culturales que las encuestas no logran registrar. No alcanza con medir; hay que bajar a escuchar a los ciudadanos y llenarse del sentir de las personas comunes para captar esos nuevos códigos. Se trata de escuchar para unir y no para dividir, de oír para aglutinar, bajando al llano para mostrar un interés legítimo por la gente. Solo así se puede intentar, realmente, representarlos.

El estallido invisible

lunes, 18 de mayo de 2026

Hoy parece imponerse una tendencia irracional en la política y sus derivados. Las instituciones que se suponían racionales han quedado en manos de irracionales. Esta peligrosa deriva debería producir estallidos psicosociales; es decir, sincronizaciones más o menos masivas que intenten poner freno, reclamen o denuncien lo que claramente afecta a las mayorías.

En este sentido, no se puede prever ni ponderar la importancia del detonante. Puede ser un hecho menor y, sin embargo, concitar una resonancia masiva: una chispa. No entran en este análisis las marchas o concentraciones que responden a una organización previa; nos referimos a manifestaciones espontáneas, más allá de que existan cajas de resonancia que operen sobre el fenómeno pero no lo provoquen.

En este contexto, cabe hacerse algunas preguntas: ¿Podrá ser que la sincronización esté ocurriendo, pero manifestándose de forma masiva a nivel individual? ¿Y si una gran parte de la población está sintonizada en una misma imagen que no se expresa en la plaza pública? ¿Y si la falta de esperanza y futuro se está viviendo de manera aislada, canalizándose en epidemias de depresión, neurosis, tristeza, aislamiento y suicidio sin nada que concite una expresión externa?

Sin embargo, esa misma sintonía silenciosa y subterránea es también un acumulador de energía. El desafío ético y humano es construir los puentes necesarios para que ese padecimiento aislado se reconozca en el otro, transformando ese sufrimiento en una convergencia constructiva y con sentido.

Creer que no está pasando nada en las multitudes porque no hay una manifestación visible es como creer que las estrellas no están ahí solo porque la noche está nublada.

El arco temporal en tiempos de crisis

lunes, 27 de abril de 2026

Esta es una breve reflexión que cobró forma de “hipótesis” sobre la relación entre memoria, imaginación y la crisis actual. También un rescate de propuestas sobre cómo romper el aparente circuito cerrado de la cotidianidad para abrir, nuevamente, algún tipo de horizonte futuro.
 
Sin memoria, la imaginación pareciera afectarse. El futuro tiene que ver con la imaginación, y esta con recombinaciones y transformaciones de los datos que entrega la memoria. Este elemental esquema es afectado por el presente y las exigencias que este introduzca; así, para quienes cada día tienen que salir a buscar su sustento, la amplitud temporal de memoria e imaginación se estrecha. Por el contrario, para los que tienen resuelto suficientemente el presente, el arco temporal hacia otros y hacia adelante se amplía. Ahora bien, cuando en épocas como esta muchas personas, ante los cambios y su velocidad, pierden confianza en su memoria (*) por la conciencia de su inactualidad, el tema del futuro se oscurece o se cierra.
 
En síntesis, las “condiciones del pensar” —o más sencillamente la reflexión— hoy están muy afectadas; todo empuja para no hacerlo. El futuro se cierra, aunque se trata de una traducción mecánica de una forma mental agotada que, efectivamente, no tiene futuro. Se navega en las tumultuosas aguas del presente con datos en memoria (paisaje de formación) que cada vez más el presente niega; por lo tanto, la imaginación se acorta o queda estéril.
 
Este aparente circuito cerrado no es tal. Por un lado, existe la posibilidad de elegir una dirección vital que no dependa de las vicisitudes cotidianas y que se desarrolle en medio de ellas. Por ejemplo: una dirección que lleve a no aislarse, a buscar la coherencia, a ayudar al medio inmediato, a favorecer a los demás y a la búsqueda de una satisfacción creciente.
 
Además, el hecho de ponerse en situaciones que favorezcan a la “conciencia inspirada” permite que aparezcan señales de mayor profundidad que, obviamente, no provienen de la cotidianidad, aunque sí puedan traducirse en ella.




(*) Nota: Es observable hoy una revitalización de antiguas recetas (médicas, alimenticias, materiales, etc.) que se presentan como una memoria inmune al desgaste del presente -que además se pueden idealizar- ofreciendo una posible estabilidad que la conciencia contemporánea parece haber perdido.