(¿Habrá un Umbral Térmico de la Conciencia?)
Existe una máxima que se repite como si fuera una verdad absoluta y que ha contaminado la cotidianeidad: "No se puede gastar más de lo que entra". Es una verdad matemática para mercaderes, pero puede ser un error de percepción cuando se traslada al campo de la vida.
En la economía de los objetos, si se quitan 100, quedan 100 menos. Pero en la dinámica de lo viviente, la lógica es otra: gastar energía suele ser la única forma de generar más o mejor energía. El criterio de la "prudencia financiera" aplicado a la existencia conduce a una vida a media máquina. El ahorro aquí no funciona como virtud, sino como estancamiento; se asume al ser humano como un recipiente pasivo, cuando su esencia es la de un transformador.
Cualquiera que haya templado un horno sabe que existe un límite para la lógica lineal. Hasta los 600°C, quizás alcance con "meter más leña", con el esfuerzo de agregar combustible. Pero para llegar a los 1000°C —esa temperatura donde el metal finalmente se rinde y la forma puede cambiar— la lógica de "más de lo mismo" se agota.
Se observa una suerte de parálisis en esta meseta. Se intenta administrar el tiempo, recortar horas de sueño o sacrificar el descanso, pero la temperatura interna no sube. Se puede confundir el gasto de energía con la dispersión de la misma sin dirección. La atención no se puede "comprar" mediante el recorte; es como pretender quitarle el agua a las flores de al lado para que esta raíz crezca. Cuando no hay un interés claro que convoque la fuerza, cualquier intento de ahorro solo marchita el jardín.
En la realidad de los procesos, los cambios no son sumas, son saltos de cualidad. El agua a 99°C sigue siendo solo agua muy caliente; es el grado 100 el que rompe la estructura y genera la potencia para mover motores.
Esta energía para el salto no se acumula en un depósito. Se comprueba que cuando una imagen o un propósito son lo suficientemente potentes, la energía que antes estaba dispersa se organiza por sí sola. El "divague" no se elimina por decreto o por ahorro; cae por su propio peso cuando aparece una dirección de mayor magnitud. El metal no se ablanda por insistencia, sino por alcanzar el umbral térmico necesario.
Tradicionalmente, la memoria no era solo un archivo de datos (lo que "ya no existe"), sino una función que permitía proyectar. Al acelerarse tanto los cambios sociales y tecnológicos, los recuerdos de hace una década parecen arqueología. Esa desconexión genera una sensación de orfandad: se puede sentir que no tenemos "suelo" donde pararnos y quizás dar ese salto de cualidad al que se aspira.
Si lo que guardamos en la memoria —nuestros valores, nuestras formas de relacionarnos, nuestras certezas— ya no "encaja" con la realidad externa, se produce una crisis. La memoria deja de ser un refugio de sabiduría para convertirse en un recordatorio de lo que perdimos o de lo que ya no funciona. Esto refuerza la tendencia a "economizar" la energía: si no confío en lo que sé y no veo hacia dónde voy, la mejor respuesta parece el repliegue.
Hay una idea muy fuerte que sugiere que la imaginación es, en realidad, memoria transformada y volcada al futuro. Si la memoria está herida o se siente inútil, la imaginación se apaga. Para recuperar esa "tensión hacia lo alto", quizás el trabajo no sea intentar aplicar lo viejo a lo nuevo, sino rescatar de la memoria no los objetos, sino los significados y las experiencias significativas.
El desafío es pasar de una "memoria de datos" a una memoria de propósitos. No importa que el mundo de ayer no exista; lo que importa es rescatar la fuerza y la dirección que nos impactó en ese tiempo para aplicarla a la construcción de un nuevo horizonte.
La vida no funciona como un balance contable ni como un depósito que debe cuidarse para que no quede vacío. Es, esencialmente, un proceso de irradiación. La verdadera economía vital no consiste en preguntarse "¿qué recorto?" o "¿cómo ahorro un poco más?". La observación de los hechos muestra que la eficacia depende de una sola dirección: ¿hacia dónde se lanza la intención? Porque, al final, lo que define el resultado no es cuánto se logró conservar, sino a qué fuego se decidió aplicar la vida para que el metal, finalmente, se vuelva maleable y la forma cambie.
En síntesis: se pueden hacer muchas pruebas, pero siempre estará ahí el límite de los 600 grados; ahí cambia la lógica y hay que concentrar la energía de la manera que cada uno pueda. Hay distintas maneras de romper el umbral, pero todas ellas tienen un punto en común: el salto se inicia adentro del operador.
Así como en la propia memoria hay recuerdos con experiencias muy significativas, también las hay en la memoria de la humanidad. Quizás por eso se nos impulsó a meternos con el barro, el fuego y los hornos: para rescatar experiencias esenciales del pasado humano y transformarlas en futuro.
Hoy, en un adminículo de pocos centímetros, están la yesca, el combustible y el fuego; sin embargo, esta facilidad de nuestro tiempo nos aleja de las experiencias fundamentales. No se trata de una reivindicación romántica del pasado, sino de ir allí a buscar lo esencial para hacerlo futuro.
Apuntes para un manifiesto de los 1000 grados
sábado, 28 de marzo de 2026
EL NACIMIENTO DE UN NUEVO MITO
domingo, 15 de marzo de 2026
Debo hacer una breve introducción, simplemente para que se entienda desde dónde escribo estas líneas. No se trata de un episodio afiebrado de fanatismo ni tiene el germen especulativo del publicista. Tampoco el de llegar a los grandes medios que hoy son un "Rey Midas al revés". Se trata, sencillamente, de compartir un testimonio a través de estas palabras.
A lo largo de mi vida fui encontrando personas admirables que coincidían con las expectativas que había acuñado desde niño. También encontré algunas sorpresas. Esos modelos destacaban en distintos quehaceres: eximios deportistas, humoristas sin par, reparadores de casi cualquier cosa, intelectuales con un inmenso vocabulario, personas afectuosas, gente de paz y trato afable. Podría seguir citando miles de virtudes de hombres y mujeres que fui descubriendo en la medida en que me abría al mundo.
Cuando oí hablar de Silo a los 18 años, conformé una imagen de lo que podría ser. Una representación armada por ideas previas; un ensayo que luego podría confirmar o reajustar. Sin embargo, cuando lo conocí personalmente poco tiempo después, no coincidía con nada de lo imaginado. Fue la irrupción de algo totalmente nuevo que rompió mis esquemas. No se trataba de una inteligencia acumulativa al modo de un científico, ni de la pose de un gurú, ni de un analista de temas. Su lucidez no era un despliegue de datos, sino una manera de estar en el mundo, una irradiación que me dejó en un estado de “recalculando” absoluto; simplemente, se me acabaron los casilleros.
Poco a poco, me di cuenta de que él inauguraba una nueva categoría de persona. Si bien reunía inteligencia, mística y visión, todo estaba integrado en un solo ser y fluía con una naturalidad admirable. Ese fue el primer acto que me permitió elastizar mis concepciones y abrirme a nuevas posibilidades: Silo lo mostraba en carne y hueso y sin actuaciones. En él se borraban los límites entre el pensamiento teórico y la acción sentida; era una unidad.
La experiencia de conocerlo no solo cambió el significado de mi pasado, sino que me dio esperanzas de un futuro alegre. Una nueva categoría de ser humano coherente que inspiraba una conducta en el mismo sentido.
Hace años que Silo dejó este espacio que compartimos y, paulatinamente, su presencia fue cambiando de ubicación en mi interior. Dejó de ser un dato relevante de la realidad exterior para transformarse en una experiencia de la interioridad: un Guía espiritual que puede estar en cada uno en cualquier momento. Esta conexión no requiere de intermediarios; solo hace falta tener conciencia y asumir la necesidad de protección, inspiración y dirección en la vida.
En algún momento nos dedicamos a leer los Mitos Raíces. De esos tiempos me quedó una sana envidia de los que vivieron bajo ese paraguas protector, donde había respuestas para las cosas más esenciales. Ese sentimiento surgía ante la conciencia de que, en aquel entonces, yo me sentía a la intemperie, desprovisto de un claro sentido que abrazara mi existencia.
Hoy siento que ese paraguas que antes envidiaba ha comenzado a abrirse sobre nosotros. Silo, como portador de ese Mensaje de lo Profundo, deja de ser un recuerdo histórico para convertirse en la sustancia de un nuevo mito. Más que un seguidor, hoy siento que su enseñanza vive en mí como una dirección que trae claridad. El mito no es una leyenda del pasado, es esta experiencia de interioridad que hoy late en muchos y que nos permite caminar con la certeza de que no estamos solos.
A lo largo de mi vida fui encontrando personas admirables que coincidían con las expectativas que había acuñado desde niño. También encontré algunas sorpresas. Esos modelos destacaban en distintos quehaceres: eximios deportistas, humoristas sin par, reparadores de casi cualquier cosa, intelectuales con un inmenso vocabulario, personas afectuosas, gente de paz y trato afable. Podría seguir citando miles de virtudes de hombres y mujeres que fui descubriendo en la medida en que me abría al mundo.
Cuando oí hablar de Silo a los 18 años, conformé una imagen de lo que podría ser. Una representación armada por ideas previas; un ensayo que luego podría confirmar o reajustar. Sin embargo, cuando lo conocí personalmente poco tiempo después, no coincidía con nada de lo imaginado. Fue la irrupción de algo totalmente nuevo que rompió mis esquemas. No se trataba de una inteligencia acumulativa al modo de un científico, ni de la pose de un gurú, ni de un analista de temas. Su lucidez no era un despliegue de datos, sino una manera de estar en el mundo, una irradiación que me dejó en un estado de “recalculando” absoluto; simplemente, se me acabaron los casilleros.
Poco a poco, me di cuenta de que él inauguraba una nueva categoría de persona. Si bien reunía inteligencia, mística y visión, todo estaba integrado en un solo ser y fluía con una naturalidad admirable. Ese fue el primer acto que me permitió elastizar mis concepciones y abrirme a nuevas posibilidades: Silo lo mostraba en carne y hueso y sin actuaciones. En él se borraban los límites entre el pensamiento teórico y la acción sentida; era una unidad.
La experiencia de conocerlo no solo cambió el significado de mi pasado, sino que me dio esperanzas de un futuro alegre. Una nueva categoría de ser humano coherente que inspiraba una conducta en el mismo sentido.
Hace años que Silo dejó este espacio que compartimos y, paulatinamente, su presencia fue cambiando de ubicación en mi interior. Dejó de ser un dato relevante de la realidad exterior para transformarse en una experiencia de la interioridad: un Guía espiritual que puede estar en cada uno en cualquier momento. Esta conexión no requiere de intermediarios; solo hace falta tener conciencia y asumir la necesidad de protección, inspiración y dirección en la vida.
En algún momento nos dedicamos a leer los Mitos Raíces. De esos tiempos me quedó una sana envidia de los que vivieron bajo ese paraguas protector, donde había respuestas para las cosas más esenciales. Ese sentimiento surgía ante la conciencia de que, en aquel entonces, yo me sentía a la intemperie, desprovisto de un claro sentido que abrazara mi existencia.
Hoy siento que ese paraguas que antes envidiaba ha comenzado a abrirse sobre nosotros. Silo, como portador de ese Mensaje de lo Profundo, deja de ser un recuerdo histórico para convertirse en la sustancia de un nuevo mito. Más que un seguidor, hoy siento que su enseñanza vive en mí como una dirección que trae claridad. El mito no es una leyenda del pasado, es esta experiencia de interioridad que hoy late en muchos y que nos permite caminar con la certeza de que no estamos solos.
Sobre la última charla de Enrique Nassar con Silo
martes, 10 de febrero de 2026
Antes de entrar en tema, me parece útil aclarar este punto:
Se refiere a que esta charla circuló originalmente en audio a finales de noviembre de 2025. Existen al menos dos versiones en texto que omiten los últimos minutos de la grabación, los cuales carecen de interés. El primer texto que recibí contenía muchos errores en relación con el audio; luego recibí otro que repara los defectos del primero. Esta última es la transcripción realizada por José Gabriel Férez el 09/12/2025.
Entrando en tema, ante el interés de Enrique, que plantea “cómo prepararse para la muerte”, Silo da como respuesta una enseñanza sobre el proceso histórico, amplia y útil para todos. El interés del presente texto es realizar un esquema que sintetice estas explicaciones y extraer una fórmula práctica para la vida.
La charla comienza con una amplitud máxima, describiendo la vida natural, la memoria genética y la vida humana con su capacidad de aprendizaje. Es en lo humano —que habita un cuerpo animal— donde aparece una potencialidad única: la capacidad de transformar las imágenes representadas. Así, en el ser humano conviven las características del cuerpo animal con la capacidad de representar en el espacio y en el tiempo.
De esta manera, el ser humano se encuentra atendiendo siempre a tres situaciones inestables y cambiantes:
-Su relación con el medio natural.
-Su relación con el medio social.
-El propio registro de cómo está y cómo se desarrolla en estas indisolubles situaciones.
Durante los primeros tiempos, la conciencia mítica permitió armonizar estos aspectos. Hubo etapas en las distintas culturas donde se alcanzaron "momentos humanistas" que permitían coherencia entre estas situaciones, siempre en el contexto de cada época y lugar.
En estos tiempos de mundialización y de viejos mitos agotados, es necesario el surgimiento de un nuevo mito mundial que resuelva las crecientes contradicciones entre estos tres elementos.
Luego se desarrolla un esquema (¿de doce años?) para dotarnos de elementos de Trabajo Interno que permitan lograr coherencia y dirección. Las prácticas se ubican en una secuencia que culmina en la Ascesis:
Retiro de la Fuerza: Para detectar los impedimentos que bloquean el acceso a la experiencia o a la libre circulación de la Energía.
Autoliberación: Para lograr los mejoramientos conductuales necesarios disolviendo tensiones y climas, vinculándolos con los impedimentos descubiertos antes.
Disciplinas: Para desarrollar un trabajo que permita acercarse a nuevos registros y activar nuevos lugares del espacio de representación.
Ascesis: Para profundizar y consolidar una nueva dirección mental.
Como dice en la charla: “...lo que incorporas es una dirección mental entre tus movimientos internos y tu acción en el mundo; será esta dirección la que opera y te lleva más allá de la muerte”.
Consecuencias prácticas
He sintetizado cuatro conclusiones:
-Estructura dinámica: Los tres elementos de la realidad no son estáticos. Haber practicado los trabajos nos da acceso a una "biblioteca" de recursos a los que debemos apelar cuando surgen desajustes o contradicciones en nuestra actualidad.
-Lo Profundo: La intervención de ese nivel y las buenas traducciones es lo que permite humanizar la tierra y proyectar nuevas ideas, acciones y emociones.
-Proceso: Esto requiere reflexiones, intentos, evaluaciones, ajustes e intercambios.
-El buen vivir: Lo pendiente es un impedimento. Es en el buen vivir (coherencia) donde se consolida la dirección trascendente.
Finalmente, preparé un esquema para las anotaciones personales, para el seguimiento de estos temas:
a) Análisis de situación: Revisar temas pendientes e impedimentos para resolverlos, encararlos o soltarlos (empezando por lo pequeño que se acumula).
b) Autoliberación: Observar insatisfacciones, irritaciones o climas que indiquen la necesidad de un cambio de dirección mental.
c) Señales de lo Profundo: Atender a sueños, ocurrencias y comprensiones que lleguen desde nuevos lugares del espacio de representación.
Se refiere a que esta charla circuló originalmente en audio a finales de noviembre de 2025. Existen al menos dos versiones en texto que omiten los últimos minutos de la grabación, los cuales carecen de interés. El primer texto que recibí contenía muchos errores en relación con el audio; luego recibí otro que repara los defectos del primero. Esta última es la transcripción realizada por José Gabriel Férez el 09/12/2025.
Entrando en tema, ante el interés de Enrique, que plantea “cómo prepararse para la muerte”, Silo da como respuesta una enseñanza sobre el proceso histórico, amplia y útil para todos. El interés del presente texto es realizar un esquema que sintetice estas explicaciones y extraer una fórmula práctica para la vida.
La charla comienza con una amplitud máxima, describiendo la vida natural, la memoria genética y la vida humana con su capacidad de aprendizaje. Es en lo humano —que habita un cuerpo animal— donde aparece una potencialidad única: la capacidad de transformar las imágenes representadas. Así, en el ser humano conviven las características del cuerpo animal con la capacidad de representar en el espacio y en el tiempo.
De esta manera, el ser humano se encuentra atendiendo siempre a tres situaciones inestables y cambiantes:
-Su relación con el medio natural.
-Su relación con el medio social.
-El propio registro de cómo está y cómo se desarrolla en estas indisolubles situaciones.
Durante los primeros tiempos, la conciencia mítica permitió armonizar estos aspectos. Hubo etapas en las distintas culturas donde se alcanzaron "momentos humanistas" que permitían coherencia entre estas situaciones, siempre en el contexto de cada época y lugar.
En estos tiempos de mundialización y de viejos mitos agotados, es necesario el surgimiento de un nuevo mito mundial que resuelva las crecientes contradicciones entre estos tres elementos.
Luego se desarrolla un esquema (¿de doce años?) para dotarnos de elementos de Trabajo Interno que permitan lograr coherencia y dirección. Las prácticas se ubican en una secuencia que culmina en la Ascesis:
Retiro de la Fuerza: Para detectar los impedimentos que bloquean el acceso a la experiencia o a la libre circulación de la Energía.
Autoliberación: Para lograr los mejoramientos conductuales necesarios disolviendo tensiones y climas, vinculándolos con los impedimentos descubiertos antes.
Disciplinas: Para desarrollar un trabajo que permita acercarse a nuevos registros y activar nuevos lugares del espacio de representación.
Ascesis: Para profundizar y consolidar una nueva dirección mental.
Como dice en la charla: “...lo que incorporas es una dirección mental entre tus movimientos internos y tu acción en el mundo; será esta dirección la que opera y te lleva más allá de la muerte”.
Consecuencias prácticas
He sintetizado cuatro conclusiones:
-Estructura dinámica: Los tres elementos de la realidad no son estáticos. Haber practicado los trabajos nos da acceso a una "biblioteca" de recursos a los que debemos apelar cuando surgen desajustes o contradicciones en nuestra actualidad.
-Lo Profundo: La intervención de ese nivel y las buenas traducciones es lo que permite humanizar la tierra y proyectar nuevas ideas, acciones y emociones.
-Proceso: Esto requiere reflexiones, intentos, evaluaciones, ajustes e intercambios.
-El buen vivir: Lo pendiente es un impedimento. Es en el buen vivir (coherencia) donde se consolida la dirección trascendente.
Finalmente, preparé un esquema para las anotaciones personales, para el seguimiento de estos temas:
a) Análisis de situación: Revisar temas pendientes e impedimentos para resolverlos, encararlos o soltarlos (empezando por lo pequeño que se acumula).
b) Autoliberación: Observar insatisfacciones, irritaciones o climas que indiquen la necesidad de un cambio de dirección mental.
c) Señales de lo Profundo: Atender a sueños, ocurrencias y comprensiones que lleguen desde nuevos lugares del espacio de representación.
Repensarlo todo: El fin de las banderas del pasado
jueves, 8 de enero de 2026
No estamos ante una crisis pasajera, sino ante la disolución de un orden que no responde a lo humano. ¿Es posible detener el avance de los "fuertes" usando las mismas banderas que ya fallaron? Las siguientes líneas exploran la urgencia de dar vuelta la página y la necesidad de rediseñar nuestro futuro.Los recientes acontecimientos en América Latina, además de ser absolutamente repudiables, desnudan una realidad propia de este primer cuarto del siglo XXI. La violencia es condenable en todos sus bandos; no existe una aceptable y otra que no lo sea. Este es un principio de la ética humanista que aspiramos regule el futuro. Sin embargo, nos encontramos en un escenario distinto: uno de disolución, donde impera la ley del más fuerte y la primacía del dinero y el poder por encima de lo humano.
Apuntes para un diagnóstico de una crisis estructural:
- El predominio del capital: El dinero se ha consolidado como el eje y valor absoluto de la estructura social.
- El agotamiento de los sistemas: Tanto las democracias formales como los modelos socialistas han fallado en sus promesas fundamentales.
- La deuda social persistente: Millones de seres humanos no han logrado una calidad de vida digna, aun bajo Estados protectores.
- Colapso ambiental y urbano: El modelo de la vieja Revolución Industrial continúa deteriorando el ambiente, volviendo inviables a las grandes ciudades.
- Instituciones vaciadas: La justicia internacional y organismos como las Naciones Unidas han perdido su contenido o han quedado subordinados al poder económico.
- Crisis de representación: Las organizaciones sindicales, los Estados nacionales y los representantes del pueblo han perdido su eficacia y legitimidad.
- El avance de los "fuertes": Su avance no responde solo a una "locura" individual, sino a una posibilidad real: pueden hacerlo porque las estructuras mencionadas han fracasado.
Por lo tanto, y en respeto a la brevedad que demandan estos tiempos, este avance representa un paso evolutivo en el sentido de que confirma la caída de un "orden" y nos obliga a dar vuelta la página. Estamos ante la necesidad urgente de repensarlo todo.
No será levantando las banderas de la justicia internacional, los derechos humanos o la intervención de la ONU como esto se detendrá; es justamente porque esas estructuras fueron degradadas que hoy el poder avanza sin miramientos. No se puede reivindicar un pasado que, ni siquiera en su esplendor, fue suficiente para resolver los desafíos del futuro.
Finalmente: El nuevo orden mundial se está escribiendo hoy, y no lo están redactando los ideales, sino los hechos. Si nos limitamos a la nostalgia de viejas instituciones que ya demostraron su insuficiencia, quedaremos desadaptados. La tarea no es restaurar lo que se rompió, sino tener la audacia de rescatar lo útil para infiltrar una nueva ética en el diseño de lo que viene. El futuro no se recupera, se crea.
Apuntes para un diagnóstico de una crisis estructural:
- El predominio del capital: El dinero se ha consolidado como el eje y valor absoluto de la estructura social.
- El agotamiento de los sistemas: Tanto las democracias formales como los modelos socialistas han fallado en sus promesas fundamentales.
- La deuda social persistente: Millones de seres humanos no han logrado una calidad de vida digna, aun bajo Estados protectores.
- Colapso ambiental y urbano: El modelo de la vieja Revolución Industrial continúa deteriorando el ambiente, volviendo inviables a las grandes ciudades.
- Instituciones vaciadas: La justicia internacional y organismos como las Naciones Unidas han perdido su contenido o han quedado subordinados al poder económico.
- Crisis de representación: Las organizaciones sindicales, los Estados nacionales y los representantes del pueblo han perdido su eficacia y legitimidad.
- El avance de los "fuertes": Su avance no responde solo a una "locura" individual, sino a una posibilidad real: pueden hacerlo porque las estructuras mencionadas han fracasado.
Por lo tanto, y en respeto a la brevedad que demandan estos tiempos, este avance representa un paso evolutivo en el sentido de que confirma la caída de un "orden" y nos obliga a dar vuelta la página. Estamos ante la necesidad urgente de repensarlo todo.
No será levantando las banderas de la justicia internacional, los derechos humanos o la intervención de la ONU como esto se detendrá; es justamente porque esas estructuras fueron degradadas que hoy el poder avanza sin miramientos. No se puede reivindicar un pasado que, ni siquiera en su esplendor, fue suficiente para resolver los desafíos del futuro.
Finalmente: El nuevo orden mundial se está escribiendo hoy, y no lo están redactando los ideales, sino los hechos. Si nos limitamos a la nostalgia de viejas instituciones que ya demostraron su insuficiencia, quedaremos desadaptados. La tarea no es restaurar lo que se rompió, sino tener la audacia de rescatar lo útil para infiltrar una nueva ética en el diseño de lo que viene. El futuro no se recupera, se crea.
El Fracaso, el Portal y la Renovación
jueves, 28 de agosto de 2025
No se pretende exagerar ni universalizar, pero se advierte un silencioso pesimismo. Lo expresan o insinúan personas con una cierta sensibilidad, quienes señalan, de buena fe, que se necesita algo de "humanismo". No discutiremos aquí a qué tipo de humanismo se refieren, pues hay distintos e incluso un Nuevo Humanismo que propone temas que merecen una exploración más profunda. De todas maneras, es crucial destacar esta advertencia que muestra cómo el mundo se ha vestido de crueldad, violencia y anti-humanismo.
Se percibe un pesimismo creciente y radical en algunos intelectuales de izquierda y progresistas. El avance global del autoritarismo parece dejar a este "campo progresista" en una derrota que no es coyuntural. Por el contrario, la analizan como la pérdida no de una batalla, sino de la disputa histórica con esa visión egoísta del mundo.
Esta suerte de "fin del mundo" es el reflejo de que las aspiraciones no se han cumplido y, además, de que la crueldad parece triunfar.
Los ejes de este pesimismo son claros. Por un lado, élites globales y locales que acumulan y compran todo y no parecen motivadas a mejorar la vida de la humanidad. Por otro, una capacidad destructiva global (nuclear, bacteriológica, etc.) que está en manos de esas mismas élites. A esto se suma el avance creciente en la manipulación de la subjetividad de las personas, utilizando los avances tecnológicos, así como el auge de gobiernos con insensibilidad social apoyados por mayorías. Y finalmente, la conciencia de la caída definitiva de los "dioses externos" y la soledad universal.
Se percibe un pesimismo creciente y radical en algunos intelectuales de izquierda y progresistas. El avance global del autoritarismo parece dejar a este "campo progresista" en una derrota que no es coyuntural. Por el contrario, la analizan como la pérdida no de una batalla, sino de la disputa histórica con esa visión egoísta del mundo.
Esta suerte de "fin del mundo" es el reflejo de que las aspiraciones no se han cumplido y, además, de que la crueldad parece triunfar.
Los ejes de este pesimismo son claros. Por un lado, élites globales y locales que acumulan y compran todo y no parecen motivadas a mejorar la vida de la humanidad. Por otro, una capacidad destructiva global (nuclear, bacteriológica, etc.) que está en manos de esas mismas élites. A esto se suma el avance creciente en la manipulación de la subjetividad de las personas, utilizando los avances tecnológicos, así como el auge de gobiernos con insensibilidad social apoyados por mayorías. Y finalmente, la conciencia de la caída definitiva de los "dioses externos" y la soledad universal.
Puede ser que este catastrofismo sea una señal de que algo ha terminado, y que el camino a seguir implica aceptar y reconocer el fracaso de ciertas creencias —como la democracia formal— y de ciertos valores e ideologías. Hay cosas que van cambiando y es necesario reconocerlo; no podemos confundir las "cáscaras" con lo esencial. Si los otros importan, hay que reflexionar sobre cómo ayudarlos, en lugar de creer que las recetas de siempre tienen la respuesta. Quizás la expectativa no tiene mesura, quizás la acción no es oportuna. Se pueden revisar las expectativas y las acciones.
Tal vez todavía no se pueda vislumbrar los aspectos positivos que trae el cambio, ni la importancia de la dirección que podemos asumir, impulsar o elegir.
Se abrió un portal histórico gigante, nunca antes fuimos tantos distribuidos y conectados en todo el planeta. Esta gran puerta tiene el poco atractivo nombre de "Fracaso". Es el profundo deseo de renovación tal vez lo que impulse a pasar por ahí. La otra opción es quedarse en la frustración, confundiendo nombres y palabras con lo más importante: aquella buena esperanza a la que no hay que renunciar.
Si todo esto ciertamente se relaciona con el presente, solo queda una pregunta fundamental:
¿Qué se debe dejar atrás para atravesar ese portal del fracaso y la renovación?
Tal vez todavía no se pueda vislumbrar los aspectos positivos que trae el cambio, ni la importancia de la dirección que podemos asumir, impulsar o elegir.
Se abrió un portal histórico gigante, nunca antes fuimos tantos distribuidos y conectados en todo el planeta. Esta gran puerta tiene el poco atractivo nombre de "Fracaso". Es el profundo deseo de renovación tal vez lo que impulse a pasar por ahí. La otra opción es quedarse en la frustración, confundiendo nombres y palabras con lo más importante: aquella buena esperanza a la que no hay que renunciar.
Si todo esto ciertamente se relaciona con el presente, solo queda una pregunta fundamental:
¿Qué se debe dejar atrás para atravesar ese portal del fracaso y la renovación?
Acerca de una frase
domingo, 27 de julio de 2025
Con el interés de profundizar en la siguiente frase que figura en la ficción El día del león alado, de Silo: “los símbolos encarnados de la época…”. Encontré diferentes acepciones de la palabra “símbolo”, creo que esta se ajusta. Real Academia Española: Elemento u objeto material que, por convención o asociación, se considera representativo de una entidad, de una idea, de una cierta condición, etc. (Bandera símbolo de la patria, paloma símbolo de la paz). En el libro “Autoliberación” y en el contexto de los trabajos de Operativa se dice: imagen de carácter fijo que surge del canal abstractivo, desposeída de caracteres secundarios, reductiva. Que sintetiza o abstrae lo más esencial de todas las características presentes. Cuando el símbolo cumple con la función de codificar registros, le denominamos signo.
En este contexto comprendí como se da el cambio, decadencia y aparición de nuevos modelos cuando en las sociedades van cambiando las ideas y por lo tanto quienes las encarnan.
Aquí, me tome la libertad de intentar captar lo que representa el siguiente personaje.
Símbolos Encarnados en Tenetor III
Tenetor III es el símbolo de un líder que no solo dirige, sino que también experimenta y se arriesga personalmente. Al ser el primer sujeto en explorar la nueva tecnología, simboliza la valentía, la exploración y el compromiso con la innovación desde la propia experiencia, a diferencia de líderes que solo dirigen a distancia.
Su rol de coordinar a distintos especialistas y persuadirlos a poner sus virtudes al servicio del proyecto lo convierte en un símbolo de la colaboración entre inteligencias. Reconoce y valora el conocimiento ajeno (saben sobre particularidades que él no), lo que simboliza la ubicación y la prioridad puesta en alcanzar un objetivo común.
La decisión de no compartir su experiencia hasta que cada miembro del equipo haya tenido la propia es un símbolo de confianza en el equipo y de la importancia del aprendizaje a partir de la experiencia individual y conjunta. En lugar de imponer su visión y sacar algún beneficio personal, fomenta que cada quien descubra y aprenda, promoviendo luego un intercambio de experiencias para la toma de decisiones. Esto simboliza un modelo de liderazgo que da participación y que busca el crecimiento horizontal.
En síntesis, Tenetor III representa un modelo de liderazgo que prioriza la experimentación personal, la colaboración de inteligencias y el fortalecimiento del equipo como pilares fundamentales para el avance del proyecto.
En este contexto comprendí como se da el cambio, decadencia y aparición de nuevos modelos cuando en las sociedades van cambiando las ideas y por lo tanto quienes las encarnan.
Aquí, me tome la libertad de intentar captar lo que representa el siguiente personaje.
Símbolos Encarnados en Tenetor III
Tenetor III es el símbolo de un líder que no solo dirige, sino que también experimenta y se arriesga personalmente. Al ser el primer sujeto en explorar la nueva tecnología, simboliza la valentía, la exploración y el compromiso con la innovación desde la propia experiencia, a diferencia de líderes que solo dirigen a distancia.
Su rol de coordinar a distintos especialistas y persuadirlos a poner sus virtudes al servicio del proyecto lo convierte en un símbolo de la colaboración entre inteligencias. Reconoce y valora el conocimiento ajeno (saben sobre particularidades que él no), lo que simboliza la ubicación y la prioridad puesta en alcanzar un objetivo común.
La decisión de no compartir su experiencia hasta que cada miembro del equipo haya tenido la propia es un símbolo de confianza en el equipo y de la importancia del aprendizaje a partir de la experiencia individual y conjunta. En lugar de imponer su visión y sacar algún beneficio personal, fomenta que cada quien descubra y aprenda, promoviendo luego un intercambio de experiencias para la toma de decisiones. Esto simboliza un modelo de liderazgo que da participación y que busca el crecimiento horizontal.
En síntesis, Tenetor III representa un modelo de liderazgo que prioriza la experimentación personal, la colaboración de inteligencias y el fortalecimiento del equipo como pilares fundamentales para el avance del proyecto.
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