TwitterFacebookGoogle PlusEmail

El estallido invisible

lunes, 18 de mayo de 2026

Hoy parece imponerse una tendencia irracional en la política y sus derivados. Las instituciones que se suponían racionales han quedado en manos de irracionales. Esta peligrosa deriva debería producir estallidos psicosociales; es decir, sincronizaciones más o menos masivas que intenten poner freno, reclamen o denuncien lo que claramente afecta a las mayorías.

En este sentido, no se puede prever ni ponderar la importancia del detonante. Puede ser un hecho menor y, sin embargo, concitar una resonancia masiva: una chispa. No entran en este análisis las marchas o concentraciones que responden a una organización previa; nos referimos a manifestaciones espontáneas, más allá de que existan cajas de resonancia que operen sobre el fenómeno pero no lo provoquen.

En este contexto, cabe hacerse algunas preguntas: ¿Podrá ser que la sincronización esté ocurriendo, pero manifestándose de forma masiva a nivel individual? ¿Y si una gran parte de la población está sintonizada en una misma imagen que no se expresa en la plaza pública? ¿Y si la falta de esperanza y futuro se está viviendo de manera aislada, canalizándose en epidemias de depresión, neurosis, tristeza, aislamiento y suicidio sin nada que concite una expresión externa?

Sin embargo, esa misma sintonía silenciosa y subterránea es también un acumulador de energía. El desafío ético y humano es construir los puentes necesarios para que ese padecimiento aislado se reconozca en el otro, transformando ese sufrimiento en una convergencia constructiva y con sentido.

Creer que no está pasando nada en las multitudes porque no hay una manifestación visible es como creer que las estrellas no están ahí solo porque la noche está nublada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario