En la cotidianeidad, la percepción está "acomodada" por las rutinas, los horarios, las distancias físicas conocidas y la urgencia de la supervivencia o la producción. Pero cuando el escenario exterior pierde su forma o se paraliza, la mirada no tiene más remedio que volverse hacia adentro o reconfigurar su relación con el mundo.
Este extracto de una charla de Silo me resultó sorprendente y me impulsó a profundizar. Sobre todo, a tratar de comprender a qué se refiere cuando afirma: «cuando se alteran los espacios y los tiempos históricos».
Inmediatamente recordé la Experiencia Guiada «La acción salvadora», donde las escenas se presentan con una gran alteración: «entre tanto, sigo sin comprender si amanece o cae la noche…». Luego recordé varias experiencias que presentan modificaciones similares (El niño, La repetición, El festival, El resentimiento).
Buscando ejemplos experimentados, la última Pandemia aparece como una situación compartida por millones de seres humanos. Funcionó como un verdadero quiebre histórico donde se alteró el espacio (los confinamientos) y el registro del tiempo: sin los marcadores habituales, las horas y los días se hicieron elásticos. Al caer las certezas del mundo externo, se resquebrajó la fijeza del paisaje cotidiano y la conciencia quedó expuesta a sus propios contenidos.
No es tarde para analizar esto, ya que, es evidente que algo cambió en la conciencia colectiva. Se abrieron nuevas búsquedas, necesidades y creencias. Por ejemplo, desde Silicon Valley, informáticos que hasta entonces operaban máquinas de ganar dinero advirtieron el alcance de sus herramientas y se dijeron: podemos influir y darle forma al mundo… Por otro lado, la empatía y el rechazo a la guerra desbordaron fronteras geográficas; creció la búsqueda de lo auténtico, lo natural y diversas formas de espiritualidad.
Aunque hayamos recuperado el espacio y el tiempo vulgares, algo de lo anterior se rompió para siempre. Se crearon nuevas condiciones que, como sucede a nivel individual, pueden orientarse hacia la luz de la integración o hacia la oscuridad de la violencia. La dirección que tome ese proceso dependerá, en última instancia, de la orientación de la intención humana: de si respondemos al vacío desde la búsqueda de sentido y unidad, o desde la desorientación y el temor.






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